martes, 22 de mayo de 2018

TERCER INSOMNIO




Cuando la voluntad pende de fibras
delirantes a solas, se desprenden estrellas
de óvalos pálidos y alargados que susurran al
oído sonetos arrabales sin métrica, ni ritmo;
comparten su paso por el laberinto infinito
del inconsciente.

De vez en vez pierden la forma bajo líquidas
algarabías o callados sufrimientos; dan vida
a la complicidad, a la fantasía; pasados comunes
apilados en cajas de plata; a veces tan lejanas,
pero nunca cerca del olvido.


Cristina Vázquez García
Marzo de 2007


LA LEGIÓN




Mi foco visual se ajusta a la caterva del viejerío de noventa pa´rriba, todas igualitas, qué importa flacas o gordas, prietas o blancas, canosas o pintarrajeadas, pieles resecas, de cebolla o de ajo, tiesas de rodillas o caderas, o peor, de antebrazos u hombros, las patas chuecas, caminar inseguro, me recuerdan el show de Michael Jackson, pero sin arte, sin gracia, sin resignación, sin consuelo; ay qué ojeras, parecen de Frankenstein, y los dientes… no, no los veo, creo pasaron a la historia, ¿y esa tos? ¿es preámbulo de qué?, ¿y ese respirar agitado?, pero si una que yo conozco requetebién creyó hace unas noches que la Catrina con su velo negro, transparentaba guiños y ay, ora sí que el MIEDO llegó sin invitación, dizque porque se le dio la gana. Bueno, a ver cómo se defiende cada una y se aconchaba un pariente que la cuide, aunque sea con desgano, en los momentos agitados, y que el túnel descendente resbaladizo se ahogue en una espiral de… aquí ya no se alcanza a ver nada…


María del Pilar López González
21 de febrero de 2018

Imagen: Isidre Nonell Monturiol

POEMAS GOZOSOS



I
Tu piel de luz
escurre entre mis dedos,
cauda que hiere el infinito.
Tu lado oscuro
enciende mis deseos.
Cada vez
que me estrechan
tus brazos de luna,
mis labios siembran
constelaciones en tu pecho.


Óscar Dávila Jara
2006

LA CAJA





06 de octubre del 2006. 02:00 a.m.

Salir a la calle y tomar un taxi con hija en brazos, era un ritual obsesivo que Armida repetía sin dudar.  Hacía un mes que sus sospechas sobre la  infidelidad de Donato se habían confirmado: su pareja no ocultaba la febril emoción de un nuevo romance. En el taxi contemplaba a su pequeña de un año: tan rubia como el padre. Y volvía a repasar la última discusión con el italiano: − ¡La maternidad te ha vuelto ordinaria, común!- había reprochado él.
−Ahora resulta que por no coger cinco veces al día, soy ordinaria. ¡Tenemos a Julia!, ¿sabes? – se defendió exasperada.
− ¡No uses a mi pequeña de pretexto! Eres una mujer hostil desde hace tiempo.
Armida recordaba que poco antes de quedar embarazada, le había reprochado a Donato la ausencia de ternura en sus abrazos. Cualquier contacto físico en el transcurso del día, derivaba en un torrente inagotable de pasión donde él la arremetía con desenfrenado ímpetu sexual, la envolvía y la transformaba en toda una calípige, pese a la figura delgada y carente de formas pronunciadas.

08 de julio del 2002. 11:30 p.m.

Las vacaciones en Huatulco habían resultado irrelevantes hasta esa noche veraniega del año dos mil dos. Apenas entrar al bar Armida fijó su atención en el extranjero que cantaba éxitos ochenteros en inglés a través del micrófono: alto, rubio de brazos tan poderosos como su voz. Ella tuvo a su favor, amén del maquillaje impecable,  el color aceituna de la piel, unos ojos grandes, una nariz altiva y unos labios abultados, perfectamente delineados.

09 de julio del 2002. 10:00 a.m.

Cuando amaneció, Armida se preguntaba cómo había resistido esa  lujuria casi animal. Se disponía a levantarse plena y henchida de placer, cuando una voz femenina la sorprendió: ─Te presto este blusón, tu ropa huele a sexo-dijo la mujer al tiempo que le arrojaba la prenda color malva. Desencanto y Amargura enmarcaban ese rostro de facciones juveniles y suaves.  Armida entendió que de súbito, se había transformado en una intrusa, en una ruptura.  Donato apareció vigoroso y  radiante en la puerta, le estiró un brazo para ayudarla a incorporarse y le dijo:
─Vámonos. Fue entonces que ella reparó en la pequeña caja de cartón que reposaba junto a él. ─¿Tu equipaje? Le preguntó curiosa.
─ La vida me cabe en una caja de cartón, bellísima. Eso la impresionó: ¡Claro que iría con un hombre al que la vida le cabía en una caja de cartón! ¡Al fin del mundo, si fuera preciso!

06 de octubre del 2006. 03:00 hrs.

Después del tercer bar visitado, soltó el llanto impúdicamente. Donato no estaría en ningún bar de esa pequeña ciudad turística. Las sacudidas lacrimógenas despertaron a su pequeña quien sorpresivamente no se asustó ni le preguntó nada, sólo le secó con sus manitas las lágrimas mientras la miraba con el mismo color de ojos que su padre. De regreso a su departamento, ya no se sentó a escribir  en su agenda su recorrido por bares.  Ya no  anotaría la hora de llegada de su amado. Empacó.

Final.

Donato le dijo a Julia que siempre sería la hijita de su corazón, su tesoro más preciado y le besó las manitas. Cuando la madre vio al  padre alejarse,  le sorprendió que la vida le siguiera cabiendo en una caja de cartón.


Dora Berenice Paredes Acosta.
2018

GÉNESIS



Sobre la noche
el brillo de la luna
   espera inerte.

   La vida surge
entre dolor y llanto,
  la madre duerme.

   Despunta el alba,
el destino se viste,
     el niño calla.


Lourdes Marín Ramírez
28 de mayo de 2008

FRAGMENTOS DE DOLOR




Amarré el nudo del dolor,
al levantar la lámpara de tu vida.
Ya no eres el renglón de las frases desbocadas;
eres el recuerdo sólido
de una herida.
Dios pasa la aguja de la resignación
cada vez que respiro.
Mientras el bisturí del infortunio,
abre nuevamente mi piel adolorida
hasta destazarla inútilmente.


Asunción Rosas Limón

AMARTE



Amarte en seis líneas
cuando mi reloj ha extraviado las manecillas
todo es simple, nosotros lo hacemos complejo
te desnudo en un beso imaginario
te hago el amor desdibujando tu cuerpo
el momento es eterno, no te baste sumar horas.


Ana María Rueda
1997

AGUAMIEL TE LLAMAS




I
Llanto de tortugas
acompaña los gemidos de la tarde.
Nubes preñadas aguardan,
te desperezas lentamente
somnolienta aún
¡explotas!

II
Las gotas caen
se resbalan,
juntas forman ríos
inundando mis praderas
anegando todo
después,
tu llanto cesa.

III
Hojas caídas
vestidas de ayer,
viento que acaricia tus deseos.
Caudal que aumenta
impetuoso se desborda,
nos desborda.


Jorge Malpica Jiménez
1993