lunes, 22 de septiembre de 2014
martes, 22 de julio de 2014
EROTISMO EN LA POESÍA Y NARRATIVA CONTEMPORÁNEAS
CASA DE CULTURA DE COATZACOALCOS
TALLER LITERARIO: “BERNAL
DÍAZ DEL CASTILLO”
Tema:
"EROTISMO EN LA POESÍA
Y NARRATIVA CONTEMPORÁNEA"
Lectura, creación y análisis de textos literarios
Inicia: abril de 2014,
miércoles ocho de la noche
lunes, 21 de julio de 2014
NACERÉ DE NUEVO PARA NO MORIR, by Carolina Guzmán Sol
A la memoria de Nahui Ollin,
con admiración
No sé si yo me introduje en tu vida o tú en la mía, pero viva
y omnipresente cohabitas este espacio temporal con ese modo infalible que
utilizas para materializar tus caprichos más genuinos; como haya sido, nunca
pude volver a ser la misma.
Me recuesto por las noches buscando un sueño tranquilizador y
al más breve movimiento… ¡ahí estás de nuevo! Apareces descomponiendo líneas
rectas para eliminar lo convencional de
la vida y pintar poesía erótica en mi cuerpo; entonces llegan al ex convento de
la Merced tus amantes y los míos, y bañados en fluidos piroclásticos liberamos
la mansedumbre de todo nuestro género.
Despierto y me veo caminando por la Alameda y por Tacubaya
aun antes de bajarme de la cama, antes de emprender el arreglo necesario para
el día. Cuando maquillo mis párpados con el lápiz habitual, el espejo me
devuelve una mirada enorme flotando en el mar de tus ojos verdes, eres tú
convertida en mí, o soy yo escondida entre tus cabellos rubios, algunas veces
mal cortados.
En más de una ocasión me descubro repitiendo ese parlamento
elocuente que define tus ideas de principios de siglo, tus pasiones y tu rebeldía;
luego de forma inevitable tomo la cadencia de tus movimientos y caigo en una
furia de celos incontenible; me desplazo como tormenta buscando al Dr. Atl para
descargar los rayos, las lluvias y los truenos, que habrán de fulminarlo, cada
que lo pienso encerrado con mujeres disolutas. Y lo amo aun odiándolo.
Si nombran a Nahui, soy yo quien voltea.
Viajo rumbo a los quehaceres cotidianos con la mirada perdida
en cualquier cosa del entorno, de repente mis ojos se clavan en espectaculares
donde aparece mi cuerpo desnudo, y entiendo que Diego debió pasar por esas
calles poco antes que yo, pintando murales que conciben un país fabuloso, donde
habrá libros para los campesinos, luz eléctrica, educación, maíz, pintura y
mujeres felices; lo hace para indicarme por dónde puedo llegar a él, para
volver a pintar mis caderas descubiertas y gritar mi poesía social sin
detenimientos, con las ideas subversivas que a ti y a mí nos identifican.
En ocasiones, cuando siento que no soy yo como lo fui antes,
paso la mano por debajo del vestido que apenas cubre mis piernas, y no
importando la compañía de los Bernales, deseo desnudarme en el salón de letras
para despojarme finalmente de todo cuanto me cubre; del prejuicio de los
trapos, del apretado corsé de la sumisión de las mujeres de cualquier época; de
las que aun callan, de las que aun son golpeadas, las que esconden sus rostros,
las que sufren infidelidades y luego son abandonadas, las que por miedo se
rinden, las que son vendidas y mal pagadas.
Yo era Carolina Guzmán, la hija del arquitecto Álvaro Guzmán;
ahora soy la desnuda, la indiscreta, la de sueños lúbricos.
Junio de 2014
domingo, 22 de junio de 2014
METAMORFOSIS, by Rosy Márquez Martínez
Ese domingo Cervantes lo descubrió mientras se miraba en el
espejo: había envejecido notoriamente, encanecido de manera acelerada y perdido
una gran cantidad de cabello; su mirada se mostraba apagada, triste y apenas
podía reconocerse entre las arrugas que surcaban su rostro. Días después le asombró ver su cuerpo transformado: estaba
tan delgado que sus músculos se adherían
a los huesos. El escritor intuía lo que ocurría, aún así permanecía hasta altas
horas de la noche en una prolongada congoja, pasaba los meses encerrado en su
habitación hasta alarmar a sus cercanos. Fue un viernes, durante la tarde,
mientras conversaba en el jardín con su único amigo, que vio en la distancia enormes molinos cuyas aspas se
movían con el viento; los observó levantarse y avanzar hacia él. Lo supo con certeza: se había vuelto loco. Su
personaje se había posesionado de él, de su cuerpo y su alma, de su tiempo y
destino.
Sonrió feliz, ahora sí estaba
listo. Se acomodó frente a su escritorio, colocó cientos de hojas y mojando la
pluma en el tintero escribió: El
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha: Capítulo primero…
Rosy Márquez Martínez
Septiembre 2013
miércoles, 4 de junio de 2014
LOS SOBREVIVIENTES DE FRANCISCO HERNÁNDEZ, by Rosa Lotfe
Los Sobrevivientes de
Francisco Hernández es un trabajo sobre la lectura del poemario “Soledad al
Cubo” dedicado a mis compañeros bernales:
Lourdes, Ana María, Pilar, Florentino, Óscar, Elena, Ricardo, Corsi, Isabel,
Francisco, Horacio, Ericka, Gerardo, Zandra Luz, Rita y Ana Estela. Y por
supuesto, también a Pepe, quien nos sentenció a vivir la experiencia.
¿Llega
la angustia a madurar si no se escribe?
“Debe
ser la noche. No oigo nada. Si estoy dormido, mi sueño es invadido por aves
congeladas. Si estoy despierto, soy un pájaro encarcelado dentro de un bloque
de hielo”
En el albergue de las
expresiones los bernales enmudecimos.
Fue un breve lapso en el que sólo el zumbido monótono de los ventiladores -ensamblado
con el cercano concierto de las olas- acompañó a nuestros pensamientos.
Aquella noche,
habíamos escuchado por primera vez el monólogo interior del Poema Uno de
Francisco Hernández y, sin sospecharlo siquiera, nos quedamos encerrados en una
pesadilla de tres metros por dos, llamada Soledad al Cubo. A partir de entonces
los bernales acudimos a la cita con
toda puntualidad. Entrábamos voluntariamente en aquel cuarto de mínimas
dimensiones, descorríamos las cortinas de la soledad para escuchar las elucubraciones
de un papagayo –color ceniza-, que imita cantos de otras especies, de un hombre
tullido del alma y cuerpo que respira escribiendo para no desaparecer.
Compartimos las imágenes alucinantes de las visitas de la Señora Cráneo; la de
un gato pelirrojo que de un salivazo se transforma en sapo; la de cucarachas
con antenas blancas y siete centímetros de largo que te miran fijamente a los
ojos; la de miles de moscas –las inevitables golosas- que instrumentan con sus
alas un ruido similar a las carcajadas de Belcebú o la de escenarios oscuros,
intentando evitar una peregrinación de escarabajos para poder escribir sobre hormigas
de cuerpo lanceolado.
Las reacciones fueron
diversas. Unos se resignaron a sufrir la experiencia, algunos se resistieron
pero otros la gozaron. Pilar, por ejemplo, a veces se tornaba compasiva y
aseguraba comprender –con conocimiento de causa- el estado anímico del poeta.
Ana María en cambio, se concentraba en analizar al detalle, las frases en las
que navegaban; la nostalgia, la incertidumbre y la desesperación. Lourdes,
ensalzaba los aforismos en los que encontraba riqueza espiritual, pero se
lamentaba constantemente del abuso de la procacidad. Un día no la soportó más y
abandonó el patíbulo sin contemplamientos. A Florentino, le gustaba profundizar
en los puntos más álgidos e irreverentes, haciendo comparativos y citando a
otros poetas. Óscar, Elena, Ricardo y Corsi, manifestaban abiertamente su total
desagrado en casi todas las lecturas. Óscar en particular, declaraba percibir
la falsedad en el sentir del poeta. Isabel, se mostraba dolida por la terrible
soledad de aquel hombre que le inspiraba pena y mucha tristeza. Caso aparte es
el de Francisco, quien invariablemente con su sarcasmo y simpatía, le daba el
toque de humor a las sesiones. Un día nos confesó que a él los tormentosos
poemas en cuestión, le producían felicidad. El asombro provocó risas y
singulares comentarios y hasta dio pie para una tarea: investigar la palabra
Cledalismo.
La ignorancia invitó
al silencio. Nadie, excepto el maestro conocía el término inventado por Dalí
para definir al sufridor profesional -aquel que goza sufriendo-
Nuestro compañero
Cledalista nos aclaró que la felicidad que experimentaba, era provocada por la
admiración que sentía hacia el autor, ya que él, si tenía el don de expresar lo
que padecía. No recuerdo al detalle las apreciaciones de Horacio, Erika,
Gerardo, Zandra Luz, Rita y Ana Estela, quizás optaron por escuchar y observar,
verbos, que confieso, me encantaría practicar de vez en cuando.
Casi puedo asegurar
que Pepe, nuestro coordinador y verdugo, se complacía al observarnos alucinar
con las ingeniosas metáforas de Francisco Hernández.
La que aquí escribe
se pasó sesenta y ocho semanas intentando vislumbrar, si aquella depresión que
patentizaba el poeta en su soledad, elevada al cubo, le había desquiciado por
completo, o si aquellas páginas habían sido escritas bajo los efectos de alguna
droga, para finalmente llegar a la conclusión, de que hay que seguir girando y,
bajo ninguna circunstancia detenerse en
las orillas del abismo, porque mirar al vacío, te hace irremediablemente perder
el equilibrio.
Además agrego a mi
vocabulario: pirexia, sentina, cresterías, versos yámbicos y me quedo con la
enriquecedora experiencia de explorar de nuevo y en principio, el mundo de José
Revueltas, Gustave Flaubert, Juan Ramón Jiménez, Frank Kafka, Max Brod, Zurbarán
y sobre todo con los acordes del Vals Triste de Jean Sibelius.
También me quedo por
completo con el poema diecisiete y con estos fragmentos que me atreví a
hilvanar.
-Río a carcajadas
repletas de silencio- (4) en cada intento por -sumar mi muerte a tantas que he
tenido- (11) y en –la angustia de estar siendo sin estar- (13) –extraño el
arroyo donde por las tardes llegaba a bañarse la esperanza- (22) y aunque a
veces –permanece la soledad sin cambios: tiene cara de laberinto y piel
cenicienta, de hoguera pisoteada. (22) –animado por lágrimas, sonrío- (28)
Rosa
Lotfe
Taller
Bernal Díaz del Castillo
Soledad
al Cubo /Francisco Hernández
As
de oros. Colección de poesía
martes, 13 de mayo de 2014
VIEIRAS PARA ROSA Y UN CARACOL AMARILLO
No pensé que esa mañana
regresaría todo de golpe, pasando de una escena a otra con antaño silencio. Yo
sólo quise recoger una de esas piezas finamente elaboradas porque sentí
curiosidad de ver formas y colores en perfecta armonía. Los párpados son el
telón de la resurrección.
Mis pies estaban cubiertos
de arena, olía la marisma y tenía los síntomas de una ensoñación y un
disturbio. Pisé la playa y me sentí la mujer actual de cuarenta y un años
cumplidos. Sin embargo, a pocos segundos era una niña de siete años a lo mucho,
sin zapatos, con una coleta y ropa de baño color azul marino; un traje que
seguramente no fue elección mía.
Lo primero que escuché fue
de pronto la voz de mi padre diciendo:
– ¡Ahí está la antena!, ya
estamos llegando.
Lo dijo todos los años, ¿lo
recuerdas? Cada vez que regresamos…
El King, con sus ladridos distrajo
un poco mi atención, se atravesaba entre mis piernas persiguiendo a unas
gaviotas que volaban bajo. En ese momento reconocí, en una vieira de tono
turquesa difuminado, otros años de mi vida: los gritos desesperados por no ser
atrapada en un juego de niños. La tomé asombrada, y es que no esperaba escuchar
nuestros gritos mientras corríamos entre las dunas de arena para no ser
“bombardeadas” con los abrojos, que utilizábamos como municiones contra “el
equipo contrario”. Las voces venían de ahí, sí. Estarás de acuerdo que en esa
época no importaban tanto las “buenas formas”, total que no había más que
tierra donde correr, tierra por todos lados; como en el patio de la abuela,
donde los uveros daban la sombra suficiente para jugar debajo haciendo carreteras.
En Xalapa nunca tuvimos eso.
Increíble entrar y salir de
los recuerdos a esa velocidad; surrealista o no, cada dos o tres pasos parecía
que del mar me llegaba vida, como la metáfora de Boticcelli con el nacimiento de Venus sobre
ese molusco eterno. Puse en mi oreja la vieira de color violeta grisáceo y
escuché de pronto en… no recuerdo ya qué estación de radio, pero un tal Sibaja
Martínez me deleitaba con José José, Camilo Sesto y Roberto Carlos, era un
programa especial de complacencias que sintonizaba todas las mañanas; ¿Puedes recordarlo? Yo
misma marcaba al teléfono de la estación para las peticiones y elegía para ti “Días
de vino y de rosas”, como tu nombre, Rosa.
Las vieiras de tono gris
intenso que tienen un tamaño regular y parecido al de una corcholata, fueron un
detonador en cadena, me “llevaron” de un latigazo a los partidos de “El Duco”,
¿lo recuerdas?, cuando papá no parecía comprender que las niñas no gustamos
tanto del futbol ni de ser “bañadas” de cerveza en las gradas de un estadio. En
ese mismo escenario “Los Azules de Coatzacoalcos” y entonces: beisbol, refrescos,
botanas, y otra vez cerveza sobre nosotros.
Pero, – ¡Cómo no hice esto
antes! Repetí una y otra vez levantando vieiras que me hablaban de mi pasado, de
mis nueve y de mis diez años. Regresé de golpe a mi escuela primaria, “Artículo
123 Tomasa Valdés Viuda de Alemán”. ¿Quién habría tenido una escuela con un
nombre tan largo y extraño?
Ansiosa me tiré a recoger
más de mi vida. En las que se movían en el agua entre las patas de King, que
eran del mismo tamaño pero en una combinación rojiza, pude leer, en “sus trazos”,
mi paso por la secundaria, el ápice de cada una de ellas me mostraba el punto
de partida de una anécdota. ¡Pude verme! ¿No me lo puedes creer verdad? Pero
cierto, pude verme: zapatos de charol negro con las calcetas dobladas muy cerca
del tobillo, la blusa blanca que acompañó a esa falda azul rey y a la que le
subí y bajé el dobladillo tantas veces. Estuve de nuevo sentada contigo en esa
banca ancha de madera, ubicada al lado derecho antes de entrar a la cafetería.
Ahí volvimos a platicar con amigos y maestros, en el patio central, en las
escalinatas del auditorio, doblando en la esquina del fondo cerca del
laboratorio de química, y en esa biblioteca hermosa a la que me gustaba ir
únicamente por su olor a madera. Las “Semanas Culturales” tan concurridas, “Los
Fratelos” cantando en inglés y las chicas enamorándonos de ellos.
Puedo contarte más cosas,
pero algunas las dejaré en el tritón amarillo que con su perfecta forma cóncava
conservará nuestros recuerdos para otro momento, para cuando lo usemos como
emisor de sonidos de vida, a través de su ápice truncado por el tiempo.
Carolina Guzmán Sol
Unión
Estatal de escritores VeracruzanosFestejo de los 100 años de Coatzacoalcos
“Encuentro del Mar 2011”
Salón Zapoteco
Centro de Convenciones de Coatzacoalcos
4
de Julio de 2011
martes, 15 de abril de 2014
AGRADECIMIENTO, por Panfila Chee Reyes
Fue una noche de
gala, mágica, de ensueño, la que me brindaron las lindas señoras: ROSA LOTFE
CALDERON, LOURDES MARÍN DE MUÑOZ Y ANGÉLICA CARMONA JURADO, quienes en
complicidad con mis buenos hermanos (como yo les llamo) el LIC. ÓMAR BÉJAR
GÓMEZ y el DR. JOSÉ GONZÁLEZ GÁLVEZ, durante tres años, sin que yo me enterara,
sin que yo lo sospechara, recopilaron mis trabajos literarios para formar una
Antología y la titularon “GAVIOTA LEJANA” la que auspiciada por el Honorable
Ayuntamiento Municipal y la Regiduría Tercera, se presentó en la Casa de
Cultura el 14 de Febrero como regalo para mí en el DÍA DE LA AMISTAD Y DEL
AMOR.
¿Cómo compensar tanta
demostración de cariño, de amistad y de ternura? Solo puedo decirles:
¡GRACIAS ROSA! Mi
bella “MORA CRISTINA”
¡GRACIAS LULÚ! Mi
dulce poeta “MARLOU”
¡GRACIAS ANGÉLICA!
Hermosa Señora “ENCUBRIDORA DE ESTRELLAS”
¡GRACIAS OMAR! EL
CABALLERO DE HERMOSA VOZ Y PALABRAS BELLAS
¡GRACIAS PEPITO POR
QUERERME TANTO! EL “GURÚ” DE LOS BERNALES,
Y MUY ESPECIALMENTE:
¡GRACIAS ING. MARCOS
THEUREL COTERO! Presidente Municipal el que con su apoyo y simpatía, pudo hacer
real la “GAVIOTA LEJANA”.
¡GRACIAS AMIGO LIC.
SALVADOR HERNÁNDEZ CASTRO! El único Regidor, en mi memoria, que se ha ocupado,
comprometido y cumplido, en promover e impulsar la cultura en Coatzacoalcos.
¡GRACIAS ANGELITA
PULIDO DE HERNÁNDEZ! Mi amiga de todos los tiempos, la primera Presidenta
Municipal en la historia de Coatzacoalcos.
¡GRACIAS ALBITA
MALPICA DE MUÑOZ! Porque bajo el meticuloso cuidado que tuvo en la logística,
el evento fue brillante.
¡GRACIAS CARLITOS
PONCE RUZ! Por la bella portada del libro.
¡GRACIAS a los
músicos y a los artistas! que tan maravillosamente desarrollaron su arte.
¡GRACIAS A DIOS! Por
permitirme en VIDA gozar de esta demostración de cariño, de amistad y de
ternura.
Pánfila Chee Reyes
Coatzacoalcos Ver., 15 de Febrero de
2013
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