viernes, 16 de enero de 2015

NACER Y RENACER, ENTRE LUCES Y NOCHEBUENA, by Carolina Guzmán


Para mi sobrino Eduardo,

a quien la ilusión le brilla en los ojos.









Mi madre solía ponernos un Nacimiento al pie del Árbol de Navidad, lo hizo todos los años mientras fuimos niñas mi hermana mayor y yo, lo hizo con gran pasión para hacernos felices en esa edad, donde todo tiene un brillo prodigioso. Luego de muchos años de apatía he vuelto al entrañable deseo del Árbol y el tradicional Nacimiento del niño Dios; me dispuse a desarrollar lo que mis recuerdos de infancia me dictaban. Entonces me fui a buscar la fauna,  la flora y todo aquello propio de una aldea navideña.
















Al caminar por el perímetro de los mercados locales, fui encontrando pequeñas  figuras que reconocí al instante y, de forma ilusoria la presencia de mi madre y de mi hermana saltó de inmediato en una sensación quimérica, fue como ir de compras en su compañía. Emocionada, compré todo cuanto quise para recrear las escenas cotidianas del pueblo hebreo que habita en mi mente, luego dediqué varias horas al diseño; un paisaje legendario que me llena de sentimientos maravillosos, una pequeña ciudad de Israel donde años antes nació el Rey David.


Como el deseo de mamá era complacernos recuerdo que ella buscaba lo que mi hermana y yo pedíamos, pero terminaba comprando lo que en realidad podía pagar; esas piezas que eran las más baratas, las más sencillas y las más hermosas. Este Nacimiento tiene piezas muy parecidas.

La choza de mi pesebre fue lo más costoso, ochenta pesos incluyendo un poco de aserrín en color naranja para definir los caminos que recrean todas las veredas de los aldeanos. Veinticinco pesos unos pastores de sonrisas afables, en tamaños desproporcionados con el resto del escenario; éstos debieron ser lo que recibieron la noticia celestial que trajo el ángel. Por precios muy bajos conseguí casitas de cartón,  puentes de plástico y de madera rústica. Unos lindos pozos de barro, unos animalitos curiosos aunque algunos muy burdos en su textura; pero su sencillez me gusta por el estilo humilde del paisaje y porque así eran los que mamá compraba.

Todo el pueblo está formado por una base de paxtle iluminado por varias series de inquietas lucecitas, musgo sobre la superficie para fortalecer su apariencia natural y el propio terreno; encima están todas las piezas que elegí en los puestos de los mercados.




He acomodado unas vacas en grupo y otras dispersas, cercanas a los caballos que conviven divertidos con los burros de caminar lento, a los patos que rodean los ríos y que dan vida al paisaje acuático. Un par de ranas que deben ser hermanas gemelas, unos guajolotes en color negro y uno más que parece albino. Me encanta el ganso que tiene posición de vuelo, sus alas extendidas dan sensación de libertad. Acomodé unas piedras rojizas que son parte de los maceteros de mi casa, le van muy bien como representando un paisaje rocoso que muestra una orografía distinta, sugiriendo cierta semejanza con la naturaleza de los montes de Judea. Los ríos que dan prosperidad a la comunidad los hice con papel aluminio, dispuesto de tal manera que se aprecia que a su alrededor la vida es abundante. Hay unos carneros robustos con manchas extrañas, se ubican en las partes más elevadas del terreno y por ahí anda comiendo hierbas una jirafa solitaria. Los primos conejos están pendientes de todo aquel que intente cruzar el puente durante las mañanas más soleadas y un pez multicolor avienta burbujas al hipocampo que de vez en cuando baja por el cauce para gozar del clima influenciado por la brisa del mar Mediterráneo. Mientras tanto las gallinas y los gallos presumidos se pasean por los patios del único cerdo que habita en este barrio de la ciudad vieja. En las parcelas de este paisaje apacible, que evoca al pueblo de Belén, puede disfrutarse la blancura del rebaño que resalta en un territorio bendecido.

Este Nacimiento no tiene invertido dinero sino el espíritu de una niña, un alma de sueños profundos. Nada aquí es sofisticado ni muy laborioso y mucho menos lujoso. Esta es la aldea de gente noble y trabajadora que vive en la sencillez que la naturaleza les brinda, en la esperanza de un futuro sano, provechoso y feliz. Este paisaje alude a la ilusión que hemos tenido alguna vez en nuestras vidas, seguramente en la etapa de la infancia. Alude al corazón noble de Artabán y su vida dedicada a servir, el cuarto rey mago siguiendo un mapa celestial.

Las luces parpadean incansables y una familia acompañada de un ángel de alas prominentes, animales bovinos y una tercia de Reyes Magos venidos desde oriente, aguardan felices por el Rey de Reyes.

En este pesebre se espera a un Niño divino que nacerá en cada criatura que vive en condición de calle y de abandono. Este pesebre cobija a los niños que en los cruceros de las avenidas ven pasar sus años y sus pensamientos más tristes; ellos renacerán y sus cuerpos frágiles y cansados serán cubiertos por el resplandor del amor. Un niño envuelto en pañales nacerá en cada uno y se iluminarán las escasas ilusiones de alimento y abrigo haciéndolas florecer con la música gloriosa de la Nochebuena. En esta aldea de gente de buena voluntad se espera que nazca la inocencia que dibuja la sonrisa genuina de los pequeños que sufren sin amor y sin una familia que les proteja; la inocencia que se extravió de los ojos a los que pertenece. Este nacimiento es la renovación de espíritus cansados de pobreza, enfermedad e incertidumbre.

Nacerá el Redentor en cada niño de todos los sitios donde se sufre y un ministerio de adoración se postrará en las guaridas donde hacinados pasan temblorosos las desoladas noches frías. El Mesías estará vivo en cada espacio de encierro y de tortura cambiando todas sus lágrimas amargas por oro, incienso y mirra. Y el Niño que nace en cada niño pobre, se manifestará como la estrella fulgurante que ilumina a una humanidad envilecida.

 “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y tú me liberaste”


Carolina Guzmán
Diciembre de 2014

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA OTRA MITAD DE HORACIO QUIROGA by José González Gálvez


Horacio Silvestre Quiroga Forteza, fue cuentista, novelista, poeta, dramaturgo y maestro uruguayo que radicó en Buenos Aires Argentina. Es considerado hasta la fecha como uno de los mejores cuentistas latinoamericanos. Su vasta obra está situada entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.

Estudió en el Instituto Politécnico de Montevideo y en el Colegio Nacional. Se inició en las letras bajo el patrocinio del escritor Leopoldo Lugones. Funda la tertulia “Los tres mosqueteros” y colabora con sus escritos en “La Revista” y “La Reforma”. A los diecinueve años  crea la “Revista de Salto”. Se marcha a París durante tres meses y a su regreso instaura el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo.

Dentro de su vasta experiencia, sintetizó las técnicas de su oficio como escritor en el “Decálogo del perfecto cuentista”, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto final del relato.

Su obra está influenciada por las lecturas de Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, recreando un estilo que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza.

Sin embargo su “aparente apacibilidad” está marcada por el signo de la tragedia y el exterminio con una cruz imborrable de Miércoles de Ceniza. En la otra mitad de la vida de Quiroga, bíblicamente Abel no mató a Caín; los padres, hermanos, esposas, hijos, amantes y amigos marcharon juntos al este del Paraíso y abrazados murieron lentamente la muerte del suicidio, la enfermedad y el asesinato fortuito.

Cuando Horacio contaba con dos meses de edad muere su padre al disparársele accidentalmente su escopeta durante una cacería. Doce años después su padrastro Ascenso Bargo se suicida con una escopeta. En 1901 fallecen dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, víctimas de la fiebre tifoidea. Un año después mata accidentalmente con una pistola a su amigo Federico Ferrando. Su primera esposa Ana María Cires se suicida durante una fuerte crisis depresiva. Se casa con María Helena Bravo quien lo abandona después de nueve años de matrimonio. Cuando contaba con la edad de 59 años, se entera que padece cáncer de próstata y se suicida ingiriendo cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires. Sostuvo una intensa amistad que se transformó en romance con la poeta Alfonsina Storni, quién se suicidara en 1938. Un año después se suicida su hija Eglé y años más tarde su hermano Darío también haría lo mismo, ambos fueron producto de su primer matrimonio.

Horacio Quiroga utilizó ampliamente las leyes internas de la narración y buscó un lenguaje que lograra transmitir con veracidad lo que deseaba relatar, alejándose de manera lenta de la escuela modernista.

Publicó casi al final de su vida lo siguiente: “No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino”.


José González Gálvez

lunes, 10 de noviembre de 2014

DESAGRAVIO by María del Pilar López González



Que cometen atropellos, robos y hasta crímenes; que no respetan y son abusivos; que se pasan los rojos semáforos; y que hay que temerles.

Estoy en la cuarta semana de usar taxis pues mi Borita está indispuesto, además de carecer de placas y toda documentación ¿y qué quieres, que me metan a la cárcel por andar en vehículo robado? ¿o que me las traigo con el narcotráfico? ¿y hasta con la trata?

Y mientras viriguan y arrejuntan pruebas, ya refundida y a ver si mis hijos me vuelven a ver… pobrecitos… ¡qué alivio!

Y esto anuncio de muy buen ánimo: todos los taxistas que me han dado servicio desde las seis de la mañana – o sea, de noche, desmañanados- han sido muy amables conmigo; hasta debido a mi codo, aceptan mis regateos y me rebajan la dejada hasta a trece pesos.

Su conversación es muy interesante, es inteligente y a veces irónica, y más ahorita enchiladísimos con la Reforma Energética, pior tantito.

Siempre un saludo atento al abordar y desocupar el taxi; es raro el que no me bendiga. ¡Qué belleza al comenzar o finalizar mi día oír a un hombre decirme: ¡Que Dios la bendiga!
 

María del Pilar López González
Octubre 5 de 2014

jueves, 30 de octubre de 2014

SIN PRIVILEGIOS by Rosa Lotfe


 

                                                                 …yo que triste y sin ventura,
                                                                         la copa de la amargura
                                                                   he apurado hasta las heces
                                                   Manuel Acuña: La ausencia del olvido

 

Pobre Manuel,

su felicidad fue tan gris

o tan rosa

sin cúspides, ni abismos

tan plana

como un sonsonete.

 

Pobre Manuel,

su lira de poeta

plagada de hojas secas

le cantó al invierno

el himno del dolor

de su incesante “adiós”

 

Pobre Manuel,

infeliz ausente.

 
Rosa Lotfe
Marzo 12 de 2008  

YO SOY YO by Ricardo García Morales


Yo soy yo

soy mis manos

acariciadas por tu piel

soy mi boca que no sabe

si besa o es besada por la tuya.

 

Soy mis pies que siguen tus pasos

lo mismo en la luz que en la oscuridad

soy mis ojos que te besan con miradas

que se llenan de tu imagen cuando pueden.

 

Soy mis oídos, que se beben tus palabras

soy mis ojos y el que está detrás de mis miradas

que alimentan mi alma con el alma de tus ojos.

 

Soy y no soy la memoria que te guarda

soy esta mente que entre sueños te rescata

soy este cuerpo que no soy

porque al fin y al cabo

soy el ánima, el espíritu, la energía

la imagen y semejanza

que navega en este cuerpo.

 

Soy esta mente que te reconoce

el que camina los pasos de este cuerpo

el que te siente a través de esta piel prestada

por una vida, solo una vida.

 

Esta vida que es mi tiempo presente

y que coincide con el tuyo

aquí y ahora, para hacerse nuestro.

 

Soy el que manda recordarte

el que elige porque he sido tu elegido

soy para el mundo

soy para ti, pero sobre todo

soy esencialmente para mí.

 

Ese es el principio

que no es soledad ni abandono

contigo o sin ti, pero siempre mejor contigo.

 

Por el tiempo presente

sin saber, pero también

sin querer saber

si nuestro tiempo, si el tiempo nuestro

es corto o largo, solo importa

que siga siendo nuestro.

 

Ricardo García Morales
Agosto 2013