martes, 3 de febrero de 2015














Cena de navidad del Taller “Bernal Díaz del Castillo”


Como ya es habitual, año con año, nos reunimos el primer miércoles de diciembre en el restaurante La Bocata para celebrar nuestra cena navideña.

Puntual, llegué acompañado de Panfilita Chee y nos instalamos en el salón reservado para dicho acontecimiento. Uno a uno fue arribando cada integrante del Taller, porque esa noche tan importante, todos somos Bernales, y nos integramos como una gran familia unida por el lazo consanguíneo de las letras.

Los abrazos y los besos llenaron de algarabía el reciento, y muy pronto todo era un ir y venir de felicitaciones.

Tomé la palabra para iniciar el brindis y dar las gracias por la hermandad que a través de los años se consolida y se nutre del amor fraternal de este grupo de escritores. Nuestra querida Pilar López enfatizó la reciente presentación de mi libro, rememorando detalles en donde “mis mujeres” ofrecieron una acertada crítica literaria, posteriormente como es costumbre bendijo la cena. Después vino la rifa de regalos, libros en su mayoría. Francisco Uscanga tuvo a bien obsequiar aromáticos jabones artesanales a las compañeras. No se hicieron esperar las fotografías.  Reconocimos a Ricardo García por su amable dedicación al Blog del Taller, que expone en forma permanente. Fue muy importante la presencia de dos generaciones en nuestro grupo: Monserrat y Fernanda, madre e hija. Y aplaudimos con orgullo a dos de nuestros fundadores, Panfilita y Víctor Tiburcio, soportes en el génesis de los Bernales.

Somos afortunados por la afinidad literaria que nos permite encontrarnos y redescubrirnos, seguir creando sonrisas que derivan de todo lo que nos provoca emociones, de todo cuanto somos en el universo de la palabra que nos identifica.

Así, las horas pasaron veloces y, en la injusticia del tiempo, llegaron las despedidas afables, eternas, llenas de cariño, de buenos deseos; para cerrar con dulzura el Año Viejo e iniciar con amor el 2015.

Esa noche memorable estuvieron presentes: Ricardo García, Lilia Zamudio, Víctor Tiburcio, Marissa Hess, Teté Balcázar, Rosa Lotfe, Iris Macías, Carolina Guzmán, Anayd de la Marza, Mar Valdeolivar, Ana María Rueda, Ana María Huerta, Gloria Gallegos, Lulú Marín, Yessica Vázquez, Rita Argudín, Monserrat Morales, Fernanda Huerta, Nora Lince, Francisco Uscanga, Pantilita Chee, Pilar López, Nubia Huicab, Margarita Lorenzana y Pepe González Gálvez.


José González Gálvez/Carolina Guzmán Sol
Diciembre de 2014



viernes, 16 de enero de 2015

POCA NAVIDAD, by Mar Valdeolivar


Tañen las campanas de gloria, se regocija la humanidad.
¿Escuchas el eco?
Es la bondad: tam tam.
Que vibre cada corazón cuando un hermano sufra
y nuestra alma se conduela ante el dolor ajeno.

Luz de la estrella, disipa toda oscuridad
del insaciable demonio llamado ego,
padre de la amargura.

Pinos secos, con olor a humo.
Consumidos por la plaga del poder
sembrados en terrenos de ambición e indiferencia
esferas de piedra adornando nuestras ramas todo el año...
¡Noche de paz!

Que los dones de Dios en esta época sean fuertes
y su semilla perdure en todas las estaciones.
Que se prolifere buena voluntad cada mañana
con una sonrisa en el camino, una buena acción
antes de volver a los brazos de la noche.


Bendita eres entre todas las mujeres.
¿Quién es más grande que tú?

Que el perdón sea tanto,
que la paz devenga a nuestro espíritu.
Humildad y fe, para quitarle potestad al egoísmo.
Que los buenos deseos nos adornen el rostro
Cada día, hasta que venga la próxima Navidad.


Mar Valdeolivar

Diciembre de 2015

NACER Y RENACER, ENTRE LUCES Y NOCHEBUENA, by Carolina Guzmán


Para mi sobrino Eduardo,

a quien la ilusión le brilla en los ojos.









Mi madre solía ponernos un Nacimiento al pie del Árbol de Navidad, lo hizo todos los años mientras fuimos niñas mi hermana mayor y yo, lo hizo con gran pasión para hacernos felices en esa edad, donde todo tiene un brillo prodigioso. Luego de muchos años de apatía he vuelto al entrañable deseo del Árbol y el tradicional Nacimiento del niño Dios; me dispuse a desarrollar lo que mis recuerdos de infancia me dictaban. Entonces me fui a buscar la fauna,  la flora y todo aquello propio de una aldea navideña.
















Al caminar por el perímetro de los mercados locales, fui encontrando pequeñas  figuras que reconocí al instante y, de forma ilusoria la presencia de mi madre y de mi hermana saltó de inmediato en una sensación quimérica, fue como ir de compras en su compañía. Emocionada, compré todo cuanto quise para recrear las escenas cotidianas del pueblo hebreo que habita en mi mente, luego dediqué varias horas al diseño; un paisaje legendario que me llena de sentimientos maravillosos, una pequeña ciudad de Israel donde años antes nació el Rey David.


Como el deseo de mamá era complacernos recuerdo que ella buscaba lo que mi hermana y yo pedíamos, pero terminaba comprando lo que en realidad podía pagar; esas piezas que eran las más baratas, las más sencillas y las más hermosas. Este Nacimiento tiene piezas muy parecidas.

La choza de mi pesebre fue lo más costoso, ochenta pesos incluyendo un poco de aserrín en color naranja para definir los caminos que recrean todas las veredas de los aldeanos. Veinticinco pesos unos pastores de sonrisas afables, en tamaños desproporcionados con el resto del escenario; éstos debieron ser lo que recibieron la noticia celestial que trajo el ángel. Por precios muy bajos conseguí casitas de cartón,  puentes de plástico y de madera rústica. Unos lindos pozos de barro, unos animalitos curiosos aunque algunos muy burdos en su textura; pero su sencillez me gusta por el estilo humilde del paisaje y porque así eran los que mamá compraba.

Todo el pueblo está formado por una base de paxtle iluminado por varias series de inquietas lucecitas, musgo sobre la superficie para fortalecer su apariencia natural y el propio terreno; encima están todas las piezas que elegí en los puestos de los mercados.




He acomodado unas vacas en grupo y otras dispersas, cercanas a los caballos que conviven divertidos con los burros de caminar lento, a los patos que rodean los ríos y que dan vida al paisaje acuático. Un par de ranas que deben ser hermanas gemelas, unos guajolotes en color negro y uno más que parece albino. Me encanta el ganso que tiene posición de vuelo, sus alas extendidas dan sensación de libertad. Acomodé unas piedras rojizas que son parte de los maceteros de mi casa, le van muy bien como representando un paisaje rocoso que muestra una orografía distinta, sugiriendo cierta semejanza con la naturaleza de los montes de Judea. Los ríos que dan prosperidad a la comunidad los hice con papel aluminio, dispuesto de tal manera que se aprecia que a su alrededor la vida es abundante. Hay unos carneros robustos con manchas extrañas, se ubican en las partes más elevadas del terreno y por ahí anda comiendo hierbas una jirafa solitaria. Los primos conejos están pendientes de todo aquel que intente cruzar el puente durante las mañanas más soleadas y un pez multicolor avienta burbujas al hipocampo que de vez en cuando baja por el cauce para gozar del clima influenciado por la brisa del mar Mediterráneo. Mientras tanto las gallinas y los gallos presumidos se pasean por los patios del único cerdo que habita en este barrio de la ciudad vieja. En las parcelas de este paisaje apacible, que evoca al pueblo de Belén, puede disfrutarse la blancura del rebaño que resalta en un territorio bendecido.

Este Nacimiento no tiene invertido dinero sino el espíritu de una niña, un alma de sueños profundos. Nada aquí es sofisticado ni muy laborioso y mucho menos lujoso. Esta es la aldea de gente noble y trabajadora que vive en la sencillez que la naturaleza les brinda, en la esperanza de un futuro sano, provechoso y feliz. Este paisaje alude a la ilusión que hemos tenido alguna vez en nuestras vidas, seguramente en la etapa de la infancia. Alude al corazón noble de Artabán y su vida dedicada a servir, el cuarto rey mago siguiendo un mapa celestial.

Las luces parpadean incansables y una familia acompañada de un ángel de alas prominentes, animales bovinos y una tercia de Reyes Magos venidos desde oriente, aguardan felices por el Rey de Reyes.

En este pesebre se espera a un Niño divino que nacerá en cada criatura que vive en condición de calle y de abandono. Este pesebre cobija a los niños que en los cruceros de las avenidas ven pasar sus años y sus pensamientos más tristes; ellos renacerán y sus cuerpos frágiles y cansados serán cubiertos por el resplandor del amor. Un niño envuelto en pañales nacerá en cada uno y se iluminarán las escasas ilusiones de alimento y abrigo haciéndolas florecer con la música gloriosa de la Nochebuena. En esta aldea de gente de buena voluntad se espera que nazca la inocencia que dibuja la sonrisa genuina de los pequeños que sufren sin amor y sin una familia que les proteja; la inocencia que se extravió de los ojos a los que pertenece. Este nacimiento es la renovación de espíritus cansados de pobreza, enfermedad e incertidumbre.

Nacerá el Redentor en cada niño de todos los sitios donde se sufre y un ministerio de adoración se postrará en las guaridas donde hacinados pasan temblorosos las desoladas noches frías. El Mesías estará vivo en cada espacio de encierro y de tortura cambiando todas sus lágrimas amargas por oro, incienso y mirra. Y el Niño que nace en cada niño pobre, se manifestará como la estrella fulgurante que ilumina a una humanidad envilecida.

 “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y tú me liberaste”


Carolina Guzmán
Diciembre de 2014

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA OTRA MITAD DE HORACIO QUIROGA by José González Gálvez


Horacio Silvestre Quiroga Forteza, fue cuentista, novelista, poeta, dramaturgo y maestro uruguayo que radicó en Buenos Aires Argentina. Es considerado hasta la fecha como uno de los mejores cuentistas latinoamericanos. Su vasta obra está situada entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.

Estudió en el Instituto Politécnico de Montevideo y en el Colegio Nacional. Se inició en las letras bajo el patrocinio del escritor Leopoldo Lugones. Funda la tertulia “Los tres mosqueteros” y colabora con sus escritos en “La Revista” y “La Reforma”. A los diecinueve años  crea la “Revista de Salto”. Se marcha a París durante tres meses y a su regreso instaura el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo.

Dentro de su vasta experiencia, sintetizó las técnicas de su oficio como escritor en el “Decálogo del perfecto cuentista”, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto final del relato.

Su obra está influenciada por las lecturas de Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, recreando un estilo que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza.

Sin embargo su “aparente apacibilidad” está marcada por el signo de la tragedia y el exterminio con una cruz imborrable de Miércoles de Ceniza. En la otra mitad de la vida de Quiroga, bíblicamente Abel no mató a Caín; los padres, hermanos, esposas, hijos, amantes y amigos marcharon juntos al este del Paraíso y abrazados murieron lentamente la muerte del suicidio, la enfermedad y el asesinato fortuito.

Cuando Horacio contaba con dos meses de edad muere su padre al disparársele accidentalmente su escopeta durante una cacería. Doce años después su padrastro Ascenso Bargo se suicida con una escopeta. En 1901 fallecen dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, víctimas de la fiebre tifoidea. Un año después mata accidentalmente con una pistola a su amigo Federico Ferrando. Su primera esposa Ana María Cires se suicida durante una fuerte crisis depresiva. Se casa con María Helena Bravo quien lo abandona después de nueve años de matrimonio. Cuando contaba con la edad de 59 años, se entera que padece cáncer de próstata y se suicida ingiriendo cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires. Sostuvo una intensa amistad que se transformó en romance con la poeta Alfonsina Storni, quién se suicidara en 1938. Un año después se suicida su hija Eglé y años más tarde su hermano Darío también haría lo mismo, ambos fueron producto de su primer matrimonio.

Horacio Quiroga utilizó ampliamente las leyes internas de la narración y buscó un lenguaje que lograra transmitir con veracidad lo que deseaba relatar, alejándose de manera lenta de la escuela modernista.

Publicó casi al final de su vida lo siguiente: “No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino”.


José González Gálvez