martes, 10 de enero de 2017


FIELES HASTA EN LA MUERTE

Rogaciana miraba el atardecer desde la playa, sentía acariciar su cuerpo por la brisa del mar. Era sublime ver caer el sol. Algunos niños corrían a su alrededor y recordó su niñez. Pensó en aquella linda perra cazadora que trajo su padre a casa cuando fueron a vivir al mar. Donde nació Granizo, un día que extrañamente granizó en aquella lejana región del trópico.

Los recuerdos la transportaron a su juventud y los viajes con el Cuate; quien atraía las miradas porque parecía muñeco de peluche.

El suave y cadencioso vaivén de las olas la llevaron a pensar en Prudencio; el joven del que estuvo enamorada, sin embargo, nunca se acercó al portón de su casa. Buscó la razón y encontró a Bonachón y Tremendo responsables del asunto; pues un día le arrebataron lo más preciado de su cuerpo y nunca lo volvió a ver.

Estaba impactada por enfrentar una verdad olvidada, cuando Breta y Trico se hicieron presentes en el recuerdo de la madurez. Los vio en el huerto de aguacates buscando frutos que pisaban para expulsar la pulpa y darse un festín.

Amanecía cuando la vista se le nubló, se sintió mareada por un dolor quemante como centella desgarrándole el pecho, dejó de respirar. Al salir el sol unos perros se acercaron a ella y ladraron sobre su rostro. Pero Rogaciana ya no respondió.
                                                                                       
María del Carmen Balcázar Márquez

Mayo de 2016


BIENVENIDA CANINA

Desde la azotea fría, aullando por las noches “El Capitán” mantenía tranquilos a todos los vecinos de la cuadra, principalmente a don Pepe, que era su dueño.

Cuando el animal escuchaba el cerrojo y los lentos pasos del anciano, inmediatamente bajaba para acompañarlo en su caminata matutina. Entre el sol y la luna los inseparables amigos trotaban en silencio, el viejo se erguía y “El Capitán” con sumisa obediencia olfateaba sus huellas.

En ausencia del anciano, alguien dejó la puerta abierta y “El Capitán” sabe Dios si se perdió, lo robaron, lo atropellaron o fue a dar a la perrera municipal; pero no regresó… ¡Bueno, eso lo sabía don Pepe! porque los vecinos se alegraron cuando lo volvieron a ver y el viejo se encargó de festejar al supuesto perro pródigo.  Un barril de cerveza y el taquero de la esquina fueron los elementos estratégicos para la bienvenida canina.  Al principio los eufóricos vecinos se preguntaban qué habría pasado, porque vieron muy cambiado al animal, ya no reaccionaba cuando lo llamaban por su nombre, eligió otro lugar para descansar, ladraba diferente y cojeaba de una pata; pero poco a poco, a medida que escaseaba la cerveza todos coincidieron en que era igualito y que indudablemente “El Capitán” había regresado.

Cuando se fue el último de los amigos, don Pepe prefirió aparentar que estaba perdiendo la memoria, antes que aceptar públicamente la ligera sospecha de que su mascota no era la misma y para evitar que la duda se propagara, no permitió que el chucho siguiera durmiendo en la azotea. En contra de la voluntad de su esposa, aventó trapos en un rincón e instaló a su perro en la recámara nupcial; ignorando por supuesto, los reproches de la ofendida mujer que reclamaba su privacidad. El hombre se dispuso a dormir consciente que terminaría sus días soportando esa verborrea interminable, pero orgulloso de proteger con decoro la identidad del “Capitán II”.

Lourdes Marín Ramírez

Septiembre 15 de 2016 

sábado, 24 de diciembre de 2016

LA PUERTA



LA PUERTA

Al abrir la puerta
Ahí estabas esperándome
Me saludaste
Mis ojos se sorprendieron
No te conocía
-¿Quién eres?
-Tú me llamaste
-¿Yo?
-Si. Contestó
Entonces comenzó el evento.

Gloria Gallegos Ruíz

2008

lunes, 28 de noviembre de 2016

ODA A LOS PIES







TOQUE DE QUEDA número 9


TOQUE DE QUEDA No. 9

Es, quizá, Toque de Queda el mejor intento por descifrarnos. Como esos bufones que se quitan el antifaz después de concluir su número de malabarismo, nosotros, Los Bernales, lo hacemos bajo un periplo literario.
Este colectivo en prosa y verso, tiene como antecedente directo la revista Vitral que se publicó en los inicios del taller, gracias al apoyo mayúsculo del Licenciado Omar Béjar y la pericia en la imprenta del señor José Luis Valerdi. Fue un logro enorme publicar la primera revista cultural en Coatzacoalcos, que después de siete números editados, se extinguió en el más absoluto silencio, sin Pompa ni circunstancia.
No obstante, esa primera revista cumplió con su misión difundiendo: poesía, cuento breve, ensayo, crónica, fotografía y dibujos en tinta. El andar literario, en esta tierra plagada de ingenieros y técnicos por el auge de la industria petrolera, había iniciado ya.
Años más tarde, gracias a la tenacidad de Óscar Dávila Jara y del periodista Jorge Cáceres, se difundió la página cultural La piel de Judas, en la revista mensual de un periódico local.  Contamos en esa ocasión con la participación de la pintora Ana Laura Pereyra para crear un logotipo que nos distinguiera. En esas páginas se publicaron poemas de quienes en ese entonces formaban parte del Taller Literario Bernal Díaz del Castillo.
Para fortuna de nuestro taller y de la vida cultural de Coatzacoalcos hemos tenido amigos entregados a la literatura, y en el espacio de la letra impresa, no podía faltar el soporte de José Ignacio Ordóñez y Claudia Morales, de esta manera colaboramos con Ex Libris, página cultural del mismo periódico de la localidad.
Dispuestos a continuar difundiendo nuestras creaciones, Óscar y yo, nos dimos a la tarea de crear otro espacio palpable para que se dieran a conocer nuestros trabajos. Después de un intercambio de títulos entre nosotros dos, adoptamos el de Toque de Queda que hasta hoy permanece, y que es una antítesis del eslogan: prohibición.
La diligencia y perseverancia de don Óscar, como le llamo, dio sus primeras letras, no de sangre sino de tinta, en una revista artesanal que apareció en junio de 2005 y así se fue sucediendo hasta el número cinco. Después con la ayuda de Adriana Ortega Conde en la formación electrónica y del periodista Corazón de Jesús Nicolás Vargas, Toque de Queda se convirtió en plaquette en su número seis.
La evolución de este espacio de papel y tinta continuaría, cual ciudad que crece, y llegamos al formato de libro. Esto no podría ser sin el apoyo de mecenas que sin preámbulos han apoyado generosamente este proyecto. En sus números siete, ocho y nueve conté con el apoyo enorme de tres Bernales con falda: Carolina Guzmán Sol, Rosy Márquez y Teté Balcázar.
¿Por qué Toque de Queda tiene como eje central un arlequín para esta edición? Porque precisamente ese fue el pie forzado que nos impusimos para crear los textos en prosa y en verso, que componen este libro.
Así, hasta la noche de hoy nuestro colectivo cumple con su objetivo: difundir el quehacer literario de los integrantes del Taller.
En orden alfabético desfilan: Ana María Huerta, Ana María Rueda, Angélica Carmona Jurado, Carolina Guzmán Sol, Dora Berenice Paredes Acosta, Francisco Uscanga, Guadalupe Martínez Bernal, Iris Macías López, José González Gálvez, Lilia Zamudio Ortíz, Lourdes Marín de Muñoz, María del Carmen Balcázar, Marissa Hess, Margarito Escudero, Óscar Dávila Jara, Panfilita Chee Reyes, Pilar López González, Rita Argudín Jiménez, Rosa Lotfe y Teté Balcázar. Todos conformamos página a página los textos que integran este nuevo Toque de Queda, que a partir de esta noche será nuestro libro de pies y cabecera.

Octubre 6 de 2016










 





sábado, 5 de noviembre de 2016



LA BELLA KENA

— ¿Me seguirás cuidando mamá?
—Claro, hasta que aprendas a hacerlo por ti mismo. Pero recuerda: siempre seré tu mamá.
La autora

 En tiempos pasados tuvimos en casa una gatita siamesa llamada Kena, era bella e inteligente. Le gustaba acompañarme cuando salía de casa hasta media cuadra, ahí se detenía para ver cómo me alejaba. Cuando le tocaba revisión médica, a la veterinaria le agradaba atenderla por lo dócil que era.
  Un gato de la misma raza fue el novio y lógico, nacieron tres hermosos críos; dos fueron regalados y no aguantamos la tentación de quedarnos con el tercero, Bécquer, que aparte de haber heredado el porte de sus padres, era muy gracioso.
Una tarde-noche Kena empezó a maullar a los pies de mi mamá.
— ¿Qué te pasa, qué quieres?- Por respuesta se nos quedó mirando con tristeza.
 —Algo le pasa a Kena, parece alterada, comentó.
— ¿Dónde está tu hijo?
— Kena, la vio a los ojos y soltó otro maullido.
Acto seguido decidimos buscar a Bécquer.  En la casa no estaba; salimos a la calle y no lo encontramos, nos preocupaba la desaparición y sobre todo lo nerviosa que se veía la gata al no sentir con ella a su crío; encabezaban al grupo mi mamá y Kena, fuimos al patio trasero utilizando lámparas para seguir la búsqueda.  La noche era tranquila, fresca, una suave brisa del norte nos acompañaba. Estábamos   donde la barda derecha había quedado baja y al otro lado estaba enmontado. De pronto la gata de un salto subió y se perdió en la obscuridad; en ese momento todo estaba quieto, no se escuchaba ningún ruido; nos quedamos a la expectativa; a los pocos minutos regresó feliz, traía entre sus dientes, como trofeo, a su gatito, de la manera que sólo ellas saben hacerlo.
Esa noche, estábamos contentos al tener entre nosotros a Bécquer y admirados por la reacción de Kena, que supo comunicar su sentir.

Yolanda Placeres Heredia

Octubre de 2016