miércoles, 24 de enero de 2018

TEMPRANO PARA EMPEZAR A QUERERTE


                                                 El ángel es un silencio azul
                                                 que se percibe con los ojos.
                                                 Homero Aridjis

El cielo te puso en mi camino.
Porque dijo el ángel:
hagan el amor
y el amor se hizo contigo.
Cuando permanezco entre tus brazos
duermo cobijado
por el párpado azul que nos protege.
Es un finísimo destello de cristales
que atraparon
todos los índigos con un beso.
Ahora estoy seguro
tienes una cruz de cenizas en la frente
antes de ser miércoles
y conocer como realmente eres
esa cruz de cenizas se marcó en la mía.
El ángel extendió sus alas
un rumor de viento sosegado
pintó de añil el horizonte.

José González Gálvez
Julio de 2005




NOSTALGIA


Empezó el agrado por los jugos agridulces como la toronja, el limón… luego una predilección por el pollo asado a las brasas y por la nueces; nuevas experiencias en gustos.

Se le ocurrió un día ir al sanatorio donde le hicieron el trasplante de hígado y requirió los datos de su donante.

Retrocedió en el tiempo al accidente y a su vida anterior. Proyectó su película, lo imaginó joven, rubio de ojos café claros, de mirada inquisitiva, de modales agradables, y de pronto lo sintió en su vida, en su cuerpo, se enamoró de él; inalcanzable porque pertenecía a otra esfera.


María del Pilar López González
Mayo 10 de 2017



EL LADO OSCURO DE LA LUNA


El recorrido por la parte oscura duraría solamente una hora. No verían la Tierra, ninguna onda podía llegar ahí; en ese lapso perderían contacto con ella.

En los primeros cinco minutos, la mente de Edgar Mitchell estaba tranquila, luego, empezó a preocuparse, a pensar en su hogar; en su amorosa familia, sus amistades; su imaginación se disparó evocando recuerdos; sentía que los minutos eran eternos. Tuvo temor de no volver; el angustioso latir de su corazón estremecía su cuerpo, la ansiedad se apoderó de su mente, reconoció que tenía miedo, mucho miedo.

Cuando llegaron al otro lado, por fin, vieron un diminuto planeta azul en el vasto espacio.

De regreso, emocionado contemplaba las miríadas de florecillas del jardín más hermoso, bañadas por la dorada luz que reflejaba la luna, deseándole un feliz retorno.


Yolanda Placeres Heredia


VISITA INESPERADA


Era una tarde de otoño, de éstas donde el sol a pocas tiñe de rojo el horizonte; tomé del librero una de mis novelas favoritas, sobre la segunda guerra mundial, y me dispuse a beber su contenido acomodándome lo mejor posible sobre una butaca en la terraza. Algunos me han preguntado por qué me gusta ése tipo de literatura, a lo que siempre he dado variadas respuestas: Me interesa saber cómo el homo sapiens ha sido capaz de desatar los demonios de la barbarie. A través de sus páginas conozco el sufrimiento de los jóvenes que participaron en ella, sobre las candentes arenas de los desiertos africanos, o sobre las heladas estepas de Rusia. Sobre sus páginas se devela la ambición de aquellos que han tratado de dominar a los demás, mandando al sacrificio a seres inocentes, algunos de los cuales ni siquiera supieron el motivo por el cuál luchaban. El susurro del viento me distrajo y comencé a observar los árboles, que balanceaban acompasadamente sus ramas de las que se desprendían algunas pálidas hojas. Observé en algunas de las ramas los pajarillos pecho amarillo que los ornitólogos bautizaron con el nombre de Pitangus sulphuratus, y que buscaban acomodarse lo mejor posible en sus refugios nocturnos.

Estaba por retomar la lectura cuando llegó ella, de improviso, inesperadamente, sin anunciarse.
¿Sabría que estaba solo y por eso decidió visitarme? Fue la cínica pregunta que pensé, pero que nunca formulé, porque me interesaba más observarla. Ahí estaba delante de mí, altiva y esquiva como siempre, tan bella como nunca. Fijé en ella mi ansiosa mirada recorriéndola palmo a palmo, tratando de adivinar lo que no veía. Su belleza siempre me ha impresionado, tanto como su mirada.
También ella clavó sus enormes ojos en mí y parecía que me auscultaba detenidamente, como tratando de adivinar qué hacía solitario en aquella terraza, con un libro sobre mi regazo.

Traté de iniciar una conversación, para preguntarle de donde venía y que distancia había recorrido para llegar conmigo, me hubiese gustado que me describiera los paisajes por donde había pasado: el camino, los bosques, las lagunas, los arroyos los ríos y todas las criaturas con las que había convivido en su recorrido. Pero sabía que ella no podía articular palabra alguna.

Entonces, mientras seguía allí orgullosa y ufana fui por mi cámara de fotografías para poder tomarle una impresión y volverla a ver tantas veces como yo quisiera. Retorné al sitio, con el miedo de que se hubiese ido tan repentinamente como había llegado. Pero no, aún me esperaba, quizás ella también anhelara tanto como yo ese momento. Abrí el obturador y apreté el botón de disparo; ella volvió la cabeza lentamente, primero hacia la izquierda, después hacia la derecha, mientras yo seguía oprimiendo el botón para tomarla en varias poses.


Todavía nos contemplamos durante unos instantes, lo digo con orgullo, ella también me miraba, mientras el sol seguía su recorrido hacia el crepúsculo. Volví una sola vez mi mirada hacia el astro rey y fue el instante que ella aprovechó para marcharse. La seguí con la mirada. Guardé mi cámara en su estuche. Antes de abrir nuevamente mi novela, sentí que era afortunado por la visita de esa bella lechuza.

Roberto Sánchez Cortés
Diciembre 17 del 2017

martes, 21 de noviembre de 2017

VANIDAD





            -Mírame, esta eres tú.
-No, no lo haré; no sé que pueda pasar si te miro y compruebo que eres yo en el futuro.
-En verdad, no lo sé tampoco; pero soy yo, soy tú, quiero decir, pero ya sin vanidad; esa vanidad tan amalgamada contigo y que tanto sufrimiento me causó –dijo la voz llena de años.

Alma se quedó allí parada, quieta, dando la espalda a su yo del futuro; agradeciendo al Creador que esta vez no hubiera un espejo frente a ella. Ni siquiera se atrevía a llevar sus pupilas hacia el rabillo del ojo; si quedaba alguna historia después de la destrucción del universo por la famosa paradoja en el tiempo, no quería ser ella la culpable.

-Dime ¿aún soy bonita? –dijo Alma, sonriendo esperanzada y viendo hacia arriba, como queriendo mirar hacia atrás rodeando su frente.

Esperó. Esperó… y esperó.

Y es que no se dio cuenta del suave sonido de succión del aire, al cerrarse sobre el vacío justo cuando hizo la pregunta.




Fernando Paz Saldaña.
 08 de Agosto de 2017.

jueves, 31 de agosto de 2017


EJERCICIO UNO


De una forma u otra sangramos,
no pretendo tener tranquilidad
ya que cuando esta me domina, muero,
y muero de muchas maneras
que son determinadas por la soledad.

Y sin doblegarme, con entusiasmo
rodeada de mil palabras
como mariposas,
me vuelvo altiva nuevamente.

No soy de las que suele amar con ropa
y ahora que te he leído
es como mirarme en un espejo roto.

Me cuestiono por lo venidero
tiemblo…
Será esto lo que predominará:
¿Tu guerra?
¿Mi amor?
¿Tú amor?
¿Mi desamor?
o es la jodida cotidianidad
en la que nos encontramos.

Me siento perturbada
de seguir instrucciones tontas para enamorarse,
mirar a los ojos,
mirar los labios,
tomarse de la mano…

No hay que filosofar, sino,
tomar el momento
porque tú y yo sabemos
que la muerte es el final de este sueño.


Cecilia San Juan González
Francisco Uscanga Castañeda
2017