domingo, 23 de octubre de 2016



VUELO PARALELO

Brotaste en plena primavera otoñal
emergiendo de las entrañas de mi lucha crédula,
coloreando el sepia,
laqueando al mate

Al hinchar tus alas
apaciguaste la furia de mi vientre,
extinguiendo el miedo,
perfumando al vaho

Con ésta primera batalla
me alientas a la eternidad
a la vertical necesidad de acompañar

Ya vendrán
parsimoniosas,
tempestivas,
promesa perpetua.

Monserrat Morales Rosaldo





PROMESAS ENCERRADAS

Al partir encerraste en tu maleta
las gastadas palabras de siempre,
con el tiempo volaron
una a una como mariposas
hacia el firmamento del olvido

Mi tránsito
a los escalofriantes campos
de la realidad
fue acompañado por un fantasma
que diluyó el dolor y cegó mi mirada
en un rincón de la inconsciencia

Al despertar mi acompañante fue la soledad
que deja la amarga derrota a la distancia;
el puente entre tu mundo y el mío
cayó en el abismo del absurdo,
como tu retrato,
como tus palabras.

Cristina del Carmen Vázquez García




PRESAGIAS LA MUERTE

Tu cuerpo mariposa,
sepulcro de caricias calcinadas,
presagio de hipocondrías negras
en el cuarto roto de la astucia.

Insecto que tragas el dulce veneno
en el cáliz de su sexo,
mariposeo de tu enfermedad encendida.

Mueres en cada contacto,
en la metamorfosis del deseo,
oculto al sur de tu universo.

Erika del Carmen González Luna





MONARCA

                                                            Tú tienes alas
                                                        no tienes sueños
                                                         yo tengo sueños
                                                             no tengo alas.


Sueño despierta,
busco tus ojos
tu sonrisa,
como crisálida,
conservo en el lago
de mi corazón
tus suspiros.
Mi lánguida voz
vuela ocre
cual mariposa
al viento.
Cuando el crepúsculo
hace un impasse
de mil reflejos,
mi cuerpo se estremece
anhela fuertes brazos.
Así, cobijada por las olas
me abandonas a soñar…

Ana Estela Rosiñol Mortera






MURIENDO EN VIDA

A la luz de la luna
frente a un camino certero
sin pena ni tormentos,
me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Como mariposa nocturna
sin aparente rumbo ni tiempo
enfrento mis sentimientos,
me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Bajo tu manto me encuentro
lánguida, moribunda
cual mariposa sin alas, sin vida
y me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Sin esperar, sin siquiera desearlo
y un escalofrío invade mi cuerpo
y me percato que el miedo
no es más que una vida sin sueños
¿Acaso lo que realmente siento es miedo?

Arianna Janeth Ruelas Gamero

martes, 20 de septiembre de 2016

Gozo y muero


En aquel amanecer lluvioso
insensata, mi cuerpo te entregué
tu propuesta insolente me llevaba
escondido está el secreto de la piel.
Hoy, descalza en el recuerdo
gozo y muero.

Abismo que embriagaba los sentidos
tu palabra me quitaba la razón
vértigo fugaz de lo prohibido
le cantaste a mi libido un anhelo
de secretos placeres contenidos.

Una ingrata melodía de tu piel
de tirón desnudaba mis instintos
dos figuras al unísono del viento,
una sombra que se enreda sin amor
cumbre ardiente que termina en precipicio.

Gestamos sinfonía de placer
envidiando a mi cuerpo todo el cielo
carrusel con figuras de papel,
ironía de morir si voy naciendo.

Escenario de la luna en agonía
sostenida, de mis ojos, tu sonrisa
desvelados los lunares de tus hombros
me danzaron como estrellas complacidas

CAROLINA GUZMÁN

Junio de 2008


LA AMISTAD DE MI MASCOTA CAMPANITA


Caminábamos mi hijo y yo por la avenida General Anaya después de un servicio religioso, y de pronto nuestra vista se detuvo en una criatura que nos miraba con ojitos tristes y suplicantes. Nos acercamos para verla, ahí estaba temblando de frío pues era finales de noviembre; coincidí con mi hijo que no la dejaríamos abandonada, seguramente no amanecería con vida.
Mi hija la cargó; estaba sucia, mal oliente y cansada, la llevamos a casa con el propósito de que al día siguiente buscaríamos al dueño; la cubrimos con una frazada y la dejamos en un lugar seguro para que pasara la noche; se acogió y se quedó muy quieta, fue en ese momento que nos percatamos de una herida en la pierna izquierda, seguramente de ahí provenía el mal olor.
Al día siguiente como acordamos, nos dimos a la tarea de preguntar a los vecinos si alguien había perdido a su perrita, no apareció el dueño. La bañamos, curamos su herida y le pusimos nombre: Campanita, y aunque ya no queríamos más animalitos, no la podíamos abandonar. Me molestó ver la crueldad de la gente al dejarla en la calle. Así, la pequeña formó parte de nuestra familia.
Fueron pasando los días; se tornó más alegre y juguetona gracias al cariño que le dábamos. Un día la regañé por salir a la calle, levanté la voz y le dije: Campanita ¿Quieres perderte o que te lastime un perro más grande? ¡Métete a la casa inmediatamente! Ella me miró obediente y entró. Por un rato la olvidé, salí nuevamente para ver donde estaba y me sorprendió verla echadita con su carita triste, de sus ojitos rodaron lágrimas; desde ese momento jamás volví a regañarla de esa manera, comprendí que sin duda había llevado una vida de maltrato.
Campanita vivió con nosotros durante un año hasta que cierta vez tuve que dejarla al cuidado de mi hijo por varios días, ella se deprimió profundamente y dejó de comer. A mi regreso traté de alegrarla, hice todo lo necesario pero no reaccionó, y por más que le hablé no comprendió la razón de mi ausencia y murió.
Su muerte me dolió mucho y le lloré. Fue cuando comprendí que ella me quiso más que yo a ella.

Olga Lidia Hidalgo Gordillo
Julio 20 de 2016