martes, 13 de marzo de 2018

MURMULLO




                           en el pentagrama
                        también escribe el mar
                           acordes de olas
                        y escalas de espuma

              notas con bemoles de troncos
                     y sostenidos de lirios
                  danzas de cardúmenes
                       y saltos de tonina

                       un silencio rítmico
                       antes de la aurora
                           este ir y venir
                 este susurro de agua y cielo
                           que no se oye
                           solo se aspira


María del Pilar López González
Febrero 8 de 2018
                 


miércoles, 24 de enero de 2018


CENA DE NAVIDAD 2017















RENACER CONTIGO

Hoy te pido Señor que en esta navidad vuelvas a nacer en mí, para que el frío pesebre que llevo dentro se convierta en la calidez que debo compartir con mis hermanos. Abro las puertas de mi limitada bondad para que seas libre de actuar en mi corazón. Abrazo tu espíritu con la fe y la esperanza de transformarme en el ser humano que Tú deseas. 

Hoy, despojado de anhelos y afanes humanos me abandono a tu voluntad, para qué, con humildad pueda renacer contigo, ser instrumento de Tu paz y contribuir a fortalecer entre los hombres la llama de Tu AMOR.



Lourdes Marín Ramírez
Diciembre 22 de 2017


CARMELO


1955. Los chicos del pueblo jugaban en las polvorientas calles (no había calles asfaltadas o pavimentadas, a excepción de la entrada al puerto, otra llamada “el paseo” y el boulevard del río). Al juego lo llamaban béisbol, aunque no era el que todos conocemos, realmente era un remedo motejado con el mismo nombre; en la calle se ponían cuatro bases en forma de rombo, la primera y la tercera iban pegadas a los cercos de madera, y la segunda y el “jom” en medio de la calle.
Normalmente los equipos eran de cinco jugadores, aunque se podía jugar con cuatro o con seis, de acuerdo a la disponibilidad de los mismos; En la defensa uno jugaba pegado a la primera base, otro en medio entre la primera y la segunda base, otro entre la segunda y la tercera, ellos eran los encargados de atrapar los rodados y tirar a primera base para poner fuera de juego al bateador (out); y había dos jugadores que se llamaban jardineros para atrapar las pelotas que salían disparadas al aire y que llamaban globos. Cuando no ocurrían los outs se denominaba hit o error según lo acontecido. Como en el béisbol formal, ganaba el que hacía más carreras. También había accidentes, pero estos ocasionados en las barridas, ya que a veces el pie descalzo del jugador se encontraba un vidrio que le provocaba alguna cortada.

Con frecuencia llegaba un chico ajeno al barrio, que vendía muéganos y merengues confeccionados por su madre para su venta, y Carmelo era el vendedor. Pedía entrar al juego, y en cuanto había oportunidad se le concedía y pasaba un buen rato olvidado del negocio al que se dedicaba. Los chicos normalmente tenían entre diez y once años, pero Carmelo de tez blanca, cabello ensortijado y ojos claros rondaba ya los catorce abriles. Algunas veces llegaba sin su vendimia y les regalaba paletas de dulce o caramelos, obsequiados para granjearse el afecto. Las progenitoras desconfiaban de él, ya que se corría el rumor que su madre y él, vendían marihuana a la que algunos soldados eran afectos. Los chicos no ponían atención a las prohibiciones porque Carmelo llegaba a jugar o a obsequiarles dulces y contarles cuentos como: Caperucita Roja, Blanca Nieves y los siete enanos, Pulgarcito y varios que a la distancia se han olvidado. Las madres insistían: es un mal chico, vende y fuma marihuana, es “marigüano”, les puede pervertir. Pero no, Carmelo solo llegaba a jugar o a contar cuentos infantiles.

Un día el barrio se enteró que los policías se habían llevado a Carmelo a la inspección, que lo habían golpeado y torturado con la finalidad que les indicara donde compraba su madre la hierba. Él dijo que no lo sabía, fuese por falta de conocimiento o por amor a su madre. Lo soltaron, y llegó al juego visiblemente demacrado, con moretones en los brazos, las piernas y el rostro, pero nada comentó aunque era evidente su tristeza. Los chicos se preguntaban quién era realmente.

Pasó algún tiempo, no mucho. La noticia se leyó en el único diario del pueblo. Los policías habían sorprendido a Carmelo vendiendo la droga, lo detuvieron y lo llevaron de nueva cuenta a una mazmorra, donde le atizaron varios palos para que confesara de donde se abastecía. Carmelo nada dijo, perdió algunos dientes, y aún ensangrentado siguió recibiendo patadas y golpes con la cachiporra. Lo sacaron al patio y lo dejaron al sereno y a la luz de la luna. En la madrugada expiró. Los buenos policías habían matado a un delincuente capaz de pervertir a otros. Aún lo tengo en el recuerdo.


Roberto Sánchez Cortés
Enero 9 de 2018



TEMPRANO PARA EMPEZAR A QUERERTE


                                                 El ángel es un silencio azul
                                                 que se percibe con los ojos.
                                                 Homero Aridjis

El cielo te puso en mi camino.
Porque dijo el ángel:
hagan el amor
y el amor se hizo contigo.
Cuando permanezco entre tus brazos
duermo cobijado
por el párpado azul que nos protege.
Es un finísimo destello de cristales
que atraparon
todos los índigos con un beso.
Ahora estoy seguro
tienes una cruz de cenizas en la frente
antes de ser miércoles
y conocer como realmente eres
esa cruz de cenizas se marcó en la mía.
El ángel extendió sus alas
un rumor de viento sosegado
pintó de añil el horizonte.

José González Gálvez
Julio de 2005




NOSTALGIA


Empezó el agrado por los jugos agridulces como la toronja, el limón… luego una predilección por el pollo asado a las brasas y por la nueces; nuevas experiencias en gustos.

Se le ocurrió un día ir al sanatorio donde le hicieron el trasplante de hígado y requirió los datos de su donante.

Retrocedió en el tiempo al accidente y a su vida anterior. Proyectó su película, lo imaginó joven, rubio de ojos café claros, de mirada inquisitiva, de modales agradables, y de pronto lo sintió en su vida, en su cuerpo, se enamoró de él; inalcanzable porque pertenecía a otra esfera.


María del Pilar López González
Mayo 10 de 2017



EL LADO OSCURO DE LA LUNA


El recorrido por la parte oscura duraría solamente una hora. No verían la Tierra, ninguna onda podía llegar ahí; en ese lapso perderían contacto con ella.

En los primeros cinco minutos, la mente de Edgar Mitchell estaba tranquila, luego, empezó a preocuparse, a pensar en su hogar; en su amorosa familia, sus amistades; su imaginación se disparó evocando recuerdos; sentía que los minutos eran eternos. Tuvo temor de no volver; el angustioso latir de su corazón estremecía su cuerpo, la ansiedad se apoderó de su mente, reconoció que tenía miedo, mucho miedo.

Cuando llegaron al otro lado, por fin, vieron un diminuto planeta azul en el vasto espacio.

De regreso, emocionado contemplaba las miríadas de florecillas del jardín más hermoso, bañadas por la dorada luz que reflejaba la luna, deseándole un feliz retorno.


Yolanda Placeres Heredia