jueves, 4 de octubre de 2018

EFÍMERA


Recordando a Lilí

Tu vida inscrita en las dunas
con profundos surcos en la arena
son acción involuntaria
del que mueve la rosa de los vientos.

Las zarzas y las enredaderas
tienen mucho qué decir
el viento del sur... mucho que guardar
en su espeso polvo de verano.

Así corrió la vida
así pasó tu tiempo
acompañada de mudos y tímidos espectadores.

Las lunas viajaron presurosas
danzando entre nubes de titanio
para despedir tempranamente
tu viaje sideral hacia otro puerto.
            
María Esther Balcázar Márquez, verano de 2018


EL SEÑOR ODIOSO


Últimamente odio a este tipo
me saca de mis casillas
Lo he golpeado justo en el rostro
y he obtenido una profusa cortada en los nudillos
Ya no es lo que era
Se hunde en una tristeza que da pena
Intento reavivarlo
le desconecto el teléfono
pongo algo de porno
solo obtengo negativas y pretextos estúpidos
cuando lo miro a los ojos el muy cobarde no me sostiene la mirada 
se avergüenza
últimamente el señor odioso esta más decaído
me desespera
he pensado que quizás una bala sea la solución a nuestro problema
y lo haga entrar en razón
no lo sé
quizás.


Francisco Uscanga Castañeda

martes, 12 de junio de 2018

AUSENCIA



Una llamada te da  el golpe:
        te revela
                    un corte
                    cae un telón:
                                ausencia.
Y tú tomaste el café de la mañana,
                                           reías, trabajabas
                                                 cuando Átropos corta
                                                                               un hilo
                                                                                     sin avisar.
Otra llamada:
  Consumatum est.
Cobardía de no saber
cómo pasó.
Pero te enteras,
              duele el dolor
                        noción del sin tiempo.
Asistes y te enfrentas:
un ataúd.

No hay más,
      no  habrá más.
                              Te ahogas y sacudes
 Con un extraño sentimiento
de orfandad.


Dora Berenice Paredes Acosta

martes, 22 de mayo de 2018

TERCER INSOMNIO




Cuando la voluntad pende de fibras
delirantes a solas, se desprenden estrellas
de óvalos pálidos y alargados que susurran al
oído sonetos arrabales sin métrica, ni ritmo;
comparten su paso por el laberinto infinito
del inconsciente.

De vez en vez pierden la forma bajo líquidas
algarabías o callados sufrimientos; dan vida
a la complicidad, a la fantasía; pasados comunes
apilados en cajas de plata; a veces tan lejanas,
pero nunca cerca del olvido.


Cristina Vázquez García
Marzo de 2007


LA LEGIÓN




Mi foco visual se ajusta a la caterva del viejerío de noventa pa´rriba, todas igualitas, qué importa flacas o gordas, prietas o blancas, canosas o pintarrajeadas, pieles resecas, de cebolla o de ajo, tiesas de rodillas o caderas, o peor, de antebrazos u hombros, las patas chuecas, caminar inseguro, me recuerdan el show de Michael Jackson, pero sin arte, sin gracia, sin resignación, sin consuelo; ay qué ojeras, parecen de Frankenstein, y los dientes… no, no los veo, creo pasaron a la historia, ¿y esa tos? ¿es preámbulo de qué?, ¿y ese respirar agitado?, pero si una que yo conozco requetebién creyó hace unas noches que la Catrina con su velo negro, transparentaba guiños y ay, ora sí que el MIEDO llegó sin invitación, dizque porque se le dio la gana. Bueno, a ver cómo se defiende cada una y se aconchaba un pariente que la cuide, aunque sea con desgano, en los momentos agitados, y que el túnel descendente resbaladizo se ahogue en una espiral de… aquí ya no se alcanza a ver nada…


María del Pilar López González
21 de febrero de 2018

Imagen: Isidre Nonell Monturiol

POEMAS GOZOSOS



I
Tu piel de luz
escurre entre mis dedos,
cauda que hiere el infinito.
Tu lado oscuro
enciende mis deseos.
Cada vez
que me estrechan
tus brazos de luna,
mis labios siembran
constelaciones en tu pecho.


Óscar Dávila Jara
2006

LA CAJA





06 de octubre del 2006. 02:00 a.m.

Salir a la calle y tomar un taxi con hija en brazos, era un ritual obsesivo que Armida repetía sin dudar.  Hacía un mes que sus sospechas sobre la  infidelidad de Donato se habían confirmado: su pareja no ocultaba la febril emoción de un nuevo romance. En el taxi contemplaba a su pequeña de un año: tan rubia como el padre. Y volvía a repasar la última discusión con el italiano: − ¡La maternidad te ha vuelto ordinaria, común!- había reprochado él.
−Ahora resulta que por no coger cinco veces al día, soy ordinaria. ¡Tenemos a Julia!, ¿sabes? – se defendió exasperada.
− ¡No uses a mi pequeña de pretexto! Eres una mujer hostil desde hace tiempo.
Armida recordaba que poco antes de quedar embarazada, le había reprochado a Donato la ausencia de ternura en sus abrazos. Cualquier contacto físico en el transcurso del día, derivaba en un torrente inagotable de pasión donde él la arremetía con desenfrenado ímpetu sexual, la envolvía y la transformaba en toda una calípige, pese a la figura delgada y carente de formas pronunciadas.

08 de julio del 2002. 11:30 p.m.

Las vacaciones en Huatulco habían resultado irrelevantes hasta esa noche veraniega del año dos mil dos. Apenas entrar al bar Armida fijó su atención en el extranjero que cantaba éxitos ochenteros en inglés a través del micrófono: alto, rubio de brazos tan poderosos como su voz. Ella tuvo a su favor, amén del maquillaje impecable,  el color aceituna de la piel, unos ojos grandes, una nariz altiva y unos labios abultados, perfectamente delineados.

09 de julio del 2002. 10:00 a.m.

Cuando amaneció, Armida se preguntaba cómo había resistido esa  lujuria casi animal. Se disponía a levantarse plena y henchida de placer, cuando una voz femenina la sorprendió: ─Te presto este blusón, tu ropa huele a sexo-dijo la mujer al tiempo que le arrojaba la prenda color malva. Desencanto y Amargura enmarcaban ese rostro de facciones juveniles y suaves.  Armida entendió que de súbito, se había transformado en una intrusa, en una ruptura.  Donato apareció vigoroso y  radiante en la puerta, le estiró un brazo para ayudarla a incorporarse y le dijo:
─Vámonos. Fue entonces que ella reparó en la pequeña caja de cartón que reposaba junto a él. ─¿Tu equipaje? Le preguntó curiosa.
─ La vida me cabe en una caja de cartón, bellísima. Eso la impresionó: ¡Claro que iría con un hombre al que la vida le cabía en una caja de cartón! ¡Al fin del mundo, si fuera preciso!

06 de octubre del 2006. 03:00 hrs.

Después del tercer bar visitado, soltó el llanto impúdicamente. Donato no estaría en ningún bar de esa pequeña ciudad turística. Las sacudidas lacrimógenas despertaron a su pequeña quien sorpresivamente no se asustó ni le preguntó nada, sólo le secó con sus manitas las lágrimas mientras la miraba con el mismo color de ojos que su padre. De regreso a su departamento, ya no se sentó a escribir  en su agenda su recorrido por bares.  Ya no  anotaría la hora de llegada de su amado. Empacó.

Final.

Donato le dijo a Julia que siempre sería la hijita de su corazón, su tesoro más preciado y le besó las manitas. Cuando la madre vio al  padre alejarse,  le sorprendió que la vida le siguiera cabiendo en una caja de cartón.


Dora Berenice Paredes Acosta.
2018