jueves, 6 de abril de 2017

sábado, 4 de marzo de 2017




ÚNICO CAMINO

¿Quién podrá atravesar la vida, sin pisar la hojarasca de los años?
Marzo 20 de 2016


ROJO DESEO

No me aplico bilet para besarte, mis labios están encendidos con el rojo de mi pasión.

Febrero 14 de 2016

PENÉLOPE DE COSCOMATEPEC



Usiel siempre supo que terminaría sus días abandonado.
De niño, solía pedirle a su abuela que le contara cómo era su madre. De ella solo conservaba una fotografía; estaba sonriendo, agarrada de una verja como queriendo esconder su cuerpo, en shorts y blusa estampada. Recuerda, de ese trozo de tiempo en Coscomatepec, a la anciana preparando los frijoles mientras él trababa los cuerpecitos rígidos y escarapelados de El Santo y Supermán en una lucha imposible. “Era terca como tú”, decía su abuela, “terca y nomás andaba papaloteando, como tú. Dios la tenga en su santa gloria”.
De los años en que la naturaleza parece querer ganarle al tiempo, recuerda a Penélope y, renuente, también recuerda aquel pañuelo de hombre olvidado bajo la cama. Con ese nombre,   la muy zorra resultó un embuste andando. “Maldito Homero”, masculló.
Hoy, Usiel se levantó de la cama a duras penas; a sus setenta años, la artritis sí era fiel. De un manotazo, bajó al gato y le puso un plato de leche sobre el suelo; ni lo olió, se dio la vuelta y saltó por la ventana. Al fondo, el Pico de Orizaba enmarcaba, impertérrito, su abandono.



Fernando Paz Saldaña
Enero 25 de 2017

FATALIDAD



Imagina que no me has visto, por cierto ya no te esperaba; eres otro y yo soy otra, con opuestos objetivos; son otras células las que se nutren hoy en nuestros cuerpos.
Sin ti, muero.
Pues deberás morir, ya no rimo contigo.
La pluma y el pergamino, la espada y el escudo, el telescopio en el montículo, todo quedará en el olvido si no me aceptas; si me dejas fuera, a tu puerta mendigo.
Ya no eres el mismo, hasta tu lenguaje es otro.
Los años pasan y dejan huella.
Ya no vibro contigo, es diferente mi música.
A la escucha de esa música quedó exhausto, sin respiración, sólo un jadeo, y a la mirada indiferente, un arroyo de sangre.

María del Pilar López González

Enero 25 de 2017

TLÁLOC



Danzaba el pueblo al son de sus instrumentos pidiendo lluvia. Cuando ésta llegaba como un despertar a la vida, se producía un regocijo general; los árboles reverdecían, las flores de    exquisitas fragancias formaban cuadros de diversos colores; las aguas cristalinas de los ríos, lagunas y arroyos contribuían con armoniosos susurros y la deidad desde la montaña, contemplaba el hermoso espectáculo.
La autora

Llovía cuando lograron terminar las maniobras de rescate. El equipo encargado de trasladar la pieza de los montes del pueblo de Coatlinchán, en el estado de México, al Distrito Federal, fue impresionante. 

El Dios Tláloc es el monolito que ocupa el 5º lugar en el mundo por sus dimensiones colosales, pesa 165 toneladas y mide 7 metros de altura. Estuvo resguardado en ese sitio por más de cuatro siglos. Fue descubierto a finales del siglo XIX por Alfredo Chavero, en un ojo de agua cerca del río en la cañada de Santa Bárbara. Se piensa que es obra de la cultura teotihuacana realizada en el siglo III d.C. Algunos arqueólogos opinan que esta pieza representa a la diosa Chalchiuitlicue, y que Tláloc aun reposa en las faldas de alguno de esos montes.

El traslado se efectuó el 16 de abril de 1964 en una gran plataforma cargada por dos tráileres. El viaje fue acompañado por un fuerte aguacero que afectó varias zonas aledañas. Una pregunta quedó en el aire: ¿Sería la intensa lluvia un homenaje por el gusto de ser rescatado, o porque no le agradó que turbaran su paz?

Los antiguos pobladores lo ubicaban en lo alto de las montañas, unido a las nubes tempestuosas cerca del cielo. En la actualidad se encuentra en el paseo de la Reforma, y da la bienvenida a los visitantes del Museo Nacional de Antropología e Historia, que fue inaugurado el 17 de septiembre de 1964.

Yolanda Placeres Heredia
Julio de 2016 



miércoles, 18 de enero de 2017


MADRE SOLTERA

Con una jura de bandera en el viejo parque Independencia, cada tres años se iniciaba la transición de los gobiernos municipales.  A la ceremonia asistían ambos cabildos, el entrante y el saliente; así iniciaba  funciones el nuevo Ayuntamiento.

En las ciudades pequeñas donde todos nos conocemos, una vez pasadas las contiendas políticas, de inmediato volvemos a ser amigos.

Yo ocuparía la Dirección de prensa y relaciones públicas; quien me antecedió era un joven alegre y dicharachero apodado “Loquillo”, quien me dijo  a  bocajarro: si  quieres la perrita, tienes que irla a buscar ahora mismo, terminando la ceremonia.

-Oye, pero debo quedarme a recibir la oficina- repliqué con tono de gran solemnidad.

- Lo siento, Katusha ya no debe estar en la casa cuando regresen mis hijas de la escuela, se han encariñado mucho con ella.

Yo que moría por tenerla, olvidando mi responsabilidad de servidor público que iniciaba precisamente ese día a las 9 de la mañana, salí disparada para la casa de Ramón. Cuando me entregaron a la pequeña, la cargué con la delicadeza con que se acuna a un bebé y la llevé a casa. Al llegar a su nuevo hogar, recorrió todos los rincones; y minutos después se quedó profundamente dormida. Como madre primeriza no sabía si aún tomaba leche o ya comía alimento sólido. Era realmente hermosa: chatita, de ojos vivarachos y pelo negro y brilloso como un zanate.

Lo primero que hice fue llamar a mis amigas para participarles que “había adoptado una niña”.

 -¡¿Cómo?!- Dijeron una a una esgrimiendo el mismo argumento: tú siempre dijiste que jamás serías madre soltera.- ¡Cómo es posible!… Y ¿Quién te la va a cuidar?  

-Pues no sé- repuse con firmeza -Además sospecho que no les va a gustar porque es negrita -dije con intención de escandalizar.

-¿Negrita?  ¡Es el colmo Teté! ¿A dónde fuiste a recoger a esa niña? ¡Sabrá Dios quiénes son sus padres! ¡Qué loca eres!

Sin dejar de disfrutar mi “maternidad repentina” les dije: pues yo sí sé quiénes son sus padres y de donde viene. Conocí a su papá… era hermoso, fornido y bravucón. Falleció la semana pasada; sus múltiples parejas lo contagiaron de una enfermedad venérea que lo llevó a la tumba. De su madre no sé nada.

-O sea ¿Es huérfana?

-Así es- dije desafiante.

-Pues sí que estás loca… mira que buscar “palo pa’tu cabeza” a estas alturas del partido… ¡No le veo la gracia!

-Pues ya siento que la quiero y no me importa su ascendencia, si es plebeya o de sangre azul – dije un poco enfadada.

Solo unas horas transcurrieron antes de que mis amigas se presentaran en la casa para conocer a MI NEGRITA, ¡MI HIJA ADOPTIVA DE CUATRO PATAS! Katusha vivió 9 años y su partida aún me entristece porque supo ser fiel compañera hasta el último aliento.

María Esther Balcázar Márquez

Junio 15 de 2016.

martes, 10 de enero de 2017


FIELES HASTA EN LA MUERTE

Rogaciana miraba el atardecer desde la playa, sentía acariciar su cuerpo por la brisa del mar. Era sublime ver caer el sol. Algunos niños corrían a su alrededor y recordó su niñez. Pensó en aquella linda perra cazadora que trajo su padre a casa cuando fueron a vivir al mar. Donde nació Granizo, un día que extrañamente granizó en aquella lejana región del trópico.

Los recuerdos la transportaron a su juventud y los viajes con el Cuate; quien atraía las miradas porque parecía muñeco de peluche.

El suave y cadencioso vaivén de las olas la llevaron a pensar en Prudencio; el joven del que estuvo enamorada, sin embargo, nunca se acercó al portón de su casa. Buscó la razón y encontró a Bonachón y Tremendo responsables del asunto; pues un día le arrebataron lo más preciado de su cuerpo y nunca lo volvió a ver.

Estaba impactada por enfrentar una verdad olvidada, cuando Breta y Trico se hicieron presentes en el recuerdo de la madurez. Los vio en el huerto de aguacates buscando frutos que pisaban para expulsar la pulpa y darse un festín.

Amanecía cuando la vista se le nubló, se sintió mareada por un dolor quemante como centella desgarrándole el pecho, dejó de respirar. Al salir el sol unos perros se acercaron a ella y ladraron sobre su rostro. Pero Rogaciana ya no respondió.
                                                                                       
María del Carmen Balcázar Márquez

Mayo de 2016