sábado, 15 de julio de 2017

ESPACIO



Te puedo mirar sin que me veas,
tan pleno.
Me buscas y no me notas
pero estoy ahí, siempre contemplándote.

Veo cómo flotas en el espacio de tu existencia
inerte,
ansioso,
con ganas de morder el anzuelo,
necesito tu mirada.

Las condiciones son adversas para ambos,
los lados de la moneda son iguales para mí;
juego a ganar.

Y esta total libertad de tu ser
año tras año se deteriora.
Como mujer sé siempre llevar la contraria
hacia tu masculinidad disminuida
desnuda e inconclusa.

Y yo, loca,
irreverente,
libre para ser.


Cecilia San Juan González
Francisco Uscanga Castañeda

RECUERDOS


Hijo mío.

Te envío ésta carta con el último aliento que me queda de vida para pedirte que busques entre mis cosas una pequeña caja de madera de sándalo, en su tapa tiene grabada una catrina de Guadalupe Posada que hace muchos años compré en un bazar del Barrio de los Sapos en la ciudad de Puebla.

En ella he guardado a lo largo de mi existencia como el más grande tesoro las notitas que me escribiste durante tu niñez  y adolescencia porque en ellas se refleja la pureza del tierno amor que siempre me brindaste, para que un día, cuando veas que se te cierra el mundo por algún problema las leas y las compartas con tus hijos como lo hice yo contigo.

Te quiere mucho…
Tu madre. 


Ana María Huerta Ramírez

LOS ANCIANOS SABIOS

La Fundación Luz Casanova se dedica a servir fundamentalmente a dos grupos de personas que sufren en nuestra sociedad: las personas sin hogar y las mujeres y menores víctimas de la violencia de género. convocó hace ya unos meses un concurso de relatos cortos que tuviesen por tema la violencia de género.

El 1 de diciembre pasado en el centro cultural “La Casa Encendida” de Madrid se llevó a cabo la premiación. 



Diálogo sobre violencia de género participaron Mª Ángeles López, periodista y redactora jefe de la revista 21RS, Esther del Brío, profesora de Economía en la Universidad de Salamanca y autora del relato “Un beso en la frente”,  y Marissa Hess Moreno, mejicana, médico de profesión y ganadora del primer premio de I Concurso de Relato Corto sobre Violencia de Género, con su relato “Los ancianos sabios”,


Marissa Hess después de recibir el Primer Premio de Relatos Cortos elegidos de entre los más de 450 relatos presentados.  Tina Barriuso, periodista de RNE, nos deleitó con una esplendida lectura del relato ganador.




LOS ANCIANOS SABIOS
Bajó del autobús en la loma para contemplar el pueblo. Con el título de Trabajadora Social obtenido durante su reclusión, lucharía porque ninguna mujer padeciera los usos y costumbres.  

La vista de la hacienda detonó los recuerdos.

Rosenda Cheche llegó a la casa grande, se acercó al hombre que con dulces palabras la desvió de sus deberes de buena esposa y le explicó la situación. Julio Cordero sólo dijo -no es mi problema, te hubieras cuidado.

 La muchacha sintió la humillación golpearle el rostro, agachó la cabeza y dio la vuelta.  Embriagada por el licor del desprecio a si misma salió decidida a enfrentar al destino.

Al entrar al jacal encontró sentado a Juan Urbano, en el suelo de tierra, descansaba una maleta destartalada, misma que había llevado un año antes, cuando decidió probar fortuna en Estados Unidos y salió con mucho miedo, poniendo su vida en manos de los polleros, por el sueño de una vida mejor.

Juan Urbano regresó tan pobre como salió. Ansiaba volver a su casa, trabajar en la milpa, comer frijolitos con su Rosenda. Sentir por las noches el cuerpo moreno que abandonó a los dos meses de casado para “ofrecerle un futuro”, como decía Jacinto, el compadre que lo puso en contacto con los traficantes.

Al verla se levantó sonriente, extendiendo los brazos para abrazarla.

Ella de golpe le soltó: –estoy embarazada.

Juan Urbano se detuvo con los brazos abiertos,  desviando la mirada al vientre de Rosenda.

Toda la furia acumulada en los meses de humillación con los gringos, el abuso de las autoridades mexicanas, el desprecio de los que le regalaban cinco pesos en la esquina de cada ciudad, encontró cauce de salida: cerrando el puño le golpeó la cara. Ella rodó al suelo.

Juan Urbano tomó su sombrero y salió a pedir justicia a los ancianos.

Rosenda se limpió la sangre con el dorso de la mano, acomodó un mechón de pelo que cayó sobre su frente y se acercó al fogón, atizando el fuego con un abanico de palma.

La campana de la iglesia sonó, convocando a la población.

Los hombres se hicieron uno con Juan Urbano, que sintió renacer su orgullo viril.

¡Que se cumpla la ley!    

Las mujeres, encabezadas por la esposa del agente municipal entraron al jacal. Sacaron Rosenda y en la placita, frente a la iglesia, hicieron un círculo e iniciaron el rito ancestral que marca a la mujer que engaña al legítimo marido.

-Eres una perdida, mujerzuela, puta, puta, puta -los insultos en castilla y en náhuatl, se acompañaban de golpes con el puño, de cachetadas, y empujones. Despeinada y sangrando por la nariz cayó al suelo, indiferente al dolor. El primitivo instinto de supervivencia la hizo protegerse el vientre con las manos.  La golpiza no disminuyó la indignación de las mujeres. Rosenda sintió escurrir algo caliente entre sus piernas.

Al fin hartas de venganza, caminaron hacia sus viviendas, un paso atrás de sus esposos.

Cuando se levantó, la sangre continuaba escurriendo por sus piernas. Entró al jacal, se lavó, se puso unos trapos de los que usaba cuando le venía el mes. Caminó hacia la pequeña clínica de salud del pueblo, que desde dos años antes no tenía médico, por el riesgo de que los grupos armados que controlaban la región lo secuestraran y lo mataran.

El gobierno solucionó la situación contratando a doña Melquiades, la partera del pueblo, que fue la única mujer que no participó en el castigo de la infiel.

Apoyó sobre el vientre una abollada cornetita, pegó la oreja y escuchó los latidos cansados; enseguida colocó sus manos sobre la panza y sintiendo la dureza de las contracciones le dijo: -a este chamaco ya no lo detiene nadie, vas a parir.

Rosenda apretó la orilla de la mesita, pujó con todas sus fuerzas y parió al hijo bastardo que no lloró ni se movió.

–No va a vivir -diagnosticó la partera.

El cielo tuvo piedad y se desmayó. Al volver en sí, doña Melquiades le dio un te amargo, -para cortar el sangrado -le dijo. Obediente se lo tomó y volvió a dormir, con el sueño profundo e inquieto de los que han sufrido mucho. Durante dos días la atendió, curando sus heridas y dándole cucharadas de caldo de gallina.

-Ya sangras poco -dijo doña Melquiades-, puedes irte. No dijo nada del niño muerto y ella nada preguntó, agradeció a la partera y salió despacio.

En la calle la esperaba el licenciado Ambrosio, agente del ministerio público. Se acercó sacudiendo un papel ante su cara: –Señora Rosenda Cheche, está usted detenida por el homicidio de su hijo.  Me tiene que acompañar.

La mujer lo siguió hasta la agencia municipal, la metieron en una celda y le leyeron la acusación.

Entendió poco de la jerga jurídica. El licenciado Ambrosio, le solicitó que firmara su declaración. Sintió lástima por la muchacha y amablemente le explicó: -la asamblea de ancianos la acusa de homicidio calificado. En la autopsia de su hijo, los pulmones se colocaron en un cubo de agua y flotaron, prueba irrefutable de que el niño nació vivo y fue muerto.

-No se firmar -argumentó la inculpada-.

Entonces ponga su huella.

Pasó tres semanas presa, no la visitó nadie, ni su madre que la maldecía por la vergüenza que hizo caer en su familia.  La muchacha se paraba todo el día junto al ventanuco con reja y miraba el cielo, buscando a Dios.

 La trasladaron a la capital, Rosenda veía sorprendida por la ventanilla de la patrulla la algarabía de la ciudad; por primera vez salía de su comunidad y por primera vez desde el día en que tentó al destino de mujer,  sonrió.

Traspasaron la reja del penal de mujeres y preguntó al policía sentado junto a ella -¿Adónde vamos? 

-Aquí te vas a quedar, te dieron veinticinco años de cárcel por el asesinato de tu hijo.

Rosenda Cheche volteó a ver el cielo por la ventanilla del automóvil. La reja se cerró tras ella.


María Isabel Hess Moreno
Veracruz, México
Primer Lugar

POCO A POCO



Esa tarde te dormiste en mis brazos, el silencio fue instalándose poco a poco. "Poco a poco" como decías en víspera de tu viaje. Breves sonrisas, parpadeos suaves, tus extremidades contrayéndose y al final... ¡Tu cuello vencido!

El reloj marcaba las cuatro. Las paredes de tu habitación sudaban miedo, las enredaderas del  jardín lucían complacidas por el viento trasegando entre sus ramas, algunos pájaros a manera de despedida te dedicaban su canto.

Tocar tu cuerpo aún cálido fue una experiencia intensa. La simetría del tiempo me regalaba minutos, pero anunciaba que pronto terminaría la oportunidad de contemplarte.  Estabas, pero ya te habías ido.  Un torbellino interno me sacudió; sentí ansiedad, ofuscación, temor, gratitud... ¡mucha gratitud! Preferí hablarte, decirte las cosas que omití durante tanto tiempo, pero sobre todo agradecerte y celebrar el privilegio de haber sido tu hija.
 
Ha pasado un año y sigues conmigo. Te siento en mi cuerpo transpirando recuerdos, evocando oraciones, mirando al infinito que te convirtió en eternidad. Un año en que has trenzado los hilos sueltos de esa madeja de amor que ahora venera tu recuerdo. La unidad que soñaste se va cristalizando, tus bendiciones nos han ido transformando en la familia que siempre quisiste, aún falta mucho pero cada vez nos acercamos más a tu anhelo.

Madre, aún te necesitamos. Necesitamos que sigas trabajando desde arriba, tú y mi padre son los ángeles que nos hacen concebir esperanzas. Ustedes no han terminado... Sigan  "poco a poco" como decías... Intercediendo ante Dios por esta familia donde casi se pude tocar el amor.


LOURDES MARIN DE MUÑOZ


23 de junio de 2017



lunes, 22 de mayo de 2017

CORPOREIDAD


La noche gozosa
se esconde entre las sábanas
de tu cuerpo.

José González Gálvez

Principios de agosto de 2016

LOCURA



En medio de la pertinaz lluvia, un loco pide a gritos un beso. De pronto, deja de llover y un arcoíris se dibuja en el cielo azul nomeolvides. Observa con mirada profunda a una mujer gorda que cruza la calle. Atraído por sus carnes fofas, va tras ella. Lo enciende una fuerza inexplicable que brota de alguna parte de su mente. Tal vez es una chispa de lucidez que retorna. La mujer, al darse cuenta que la siguen, corre despavorida y con gran dificultad. Apenas puede separar sus pies orondos en ángulo agudo. Es una especie de pingüino en la gran ciudad. Avanza, aletea, grazna, pero sin darse cuenta y en el mejor momento de la huida cae en una coladera. La gordinflona llora amargamente al verse sucia, sentirse sucia, olerse sucia. Está cubierta de podredumbre y sigue llorando. El loco se acerca y muy apenado le brinda una disculpa. Extrae de la bolsa de su casaca deshilachada un perfume y se lo ofrece. El perfume que no pudo entregarle a la mujer que amaba y que desató su locura.

Martín Cruz
Mayo de 2017


A MI PADRE




Hombre fuerte,
árbol de raíces profundas.
Hermoso como Dios mitológico
siempre con la Biblia abierta;
bendecido por el Creador.

Mientras crecía te veía peinarte,
usaba el perfume que te aplicabas,
me decían que olía a varón;
pero era el aroma de mi padre.
El hombre que me engendró,
el hombre que amo aún.

Por ti aprendí a comer cebollas como manzanas,
cuando me hablabas fuerte  me enojaba
y me escondía entre las ramas de los árboles.
Ahora entiendo el sentido de tus palabras
tenía que aprender el ritmo de la vida diaria.

Cuando pasó el tiempo, noté en el espejo que había crecido,
también observé tus cambios y es que  el color de tus cabellos te delataban.
Reías con inocencia,
te gustaba ver la televisión: el futbol, los dibujos animados,
pedías dulces y  te dormías enseguida.

Regresaste a tu mundo de niño,
recuerdo tu última noche, era viernes.
Te di en gotero un poco de agua fresca,
te quedaste dormido en silencio,
tu espíritu se había marchado,
te habías cansado de la lucha terrenal.
Tu cuerpo al final era un estorbo para ir con Dios,
ya no sentiste dolor, al fin conseguiste partir.
Te vestí de blanco con pantalón y guayabera
que alisé con incontenibles lágrimas
y te apliqué tu perfume favorito.

Esa fue la última vez que te vi…

Por siempre serás mi padre.


María del Carmen Ramírez Gómez
25 de mayo del 2006   





TEXTOS QUE SURGIERON COMO RESULTADO DEL TALLEREO DE LA ESCULTURA "NOCHE" DE MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI



AUSENCIA


Hoy necesito verte, necesito sentirte.

Absorta en mis pensamientos, me pregunto, qué quieres de mí.

Me pides paciencia, la he tenido.
Me pides que confíe, lo he intentado a pesar del tiempo, la distancia y tu ausencia. 

No entiendo esta prueba… ¡tú prueba!

En mis pechos se dibuja un abismo, un hueco tan grande en donde mi corazón ya no existe. Solo siento una roca tan pesada que quiere atravesar mi piel y perecer.

Olvidarte no puedo, negarte no me atrevo.
Sin embargo me atormenta tu silencio.

Dime… qué debo hacer, qué debo sentir.
Son tantas las preguntas, solo será una la respuesta.
Quiero que sepas que te espero, te creo y te necesito.
                      
Hoy quédate conmigo, quédate a mi lado.
Tan solo déjame sentirte, abrázame sin tiempo, sin contemplaciones, porque nos queda la noche. Esta noche.


Karina Jiménez Salgado
24 de abril de 2017




DIOSA 
         
   
Piel de lunas de cuarzo, viajera venusina,
luz cósmica que embriagas, con versos de plegarias gnósticas.

Diosa de corazón rubí, código lumínico del alma
las minas de tu mirar arropan nostalgias,
en espera del caballero sin armadura
que te lleve a navegar en el bálsamo de sus imperios.

Éter de océanos de mirra y estrellas marfil
condensadas en la pureza de tus coordenadas angélicas,
claustro de anatomía perfecta, humedades áureas
en tu constelación algebraica conforman tu lecho de Afrodita,
en el monasterio de tus galaxias.

Luz boreal, danza de contorsión petrificada,
en el benedicto de tus columnas griegas,
huellas  de una ecuación  etérea, incienso de baladas en sortilegio,
Morfeo besa tu cuerpo dormido en el elixir de tus enigmas,
bendice tu hechizo eterno.

Urania Guerrero Jiménez
Mayo de 2017




Escribe escribe escribe

Tenía que escribir acerca
de Miguel Ángel y la Noche
y ahora tengo insomnio.
Estoy solo y la habitación esta tan silenciosa
que puedo escuchar a los ratones
haciendo ruidos entre la hojarasca seca.
No puedo ni siquiera mover un dedo
mi mente en automático repite:
escribe escribe escribe
escribe escribe escribe.
Aun mantengo la fe,
en mi alma derrumbada.
Pero está equivocada
ni siquiera estoy sufriendo
y eso también es novedad.
Miro los cuadros, mis libros
pienso en el pasado
comienzo a atormentarme
la noche se ha terminado
y no he escrito absolutamente nada
y lo que es peor
el arma en el cajón ha empezado ya
a oxidarse.

Francisco Uscanga Castañeda
Mayo de 2017




CAYO Y LA INMORTALIDAD


Esa noche, el gran Alejandro festejaba después de la dura batalla. Lo acompañaban los jefes de sus falanges y sus guerreros; la ansiada victoria sabía mejor con música, danza y vino. Cansado, el fundador de las Alejandrías pidió a su ayudante Cayo, un mancebo aprendiz de arquero, que retirara a las concubinas de su recámara; el joven, siempre deseoso de servir como nadie al conquistador, obedeció con prontitud.
Esa noche, Cayo se vistió con una túnica perfumada con agua de rosas, y por primera vez, se metió al lecho del guerrero. Esa noche, Cayo supo que no quería más ser arquero, ni guerrero. Esa noche, enamorado, Cayo se durmió pidiendo a la diosa Afrodita que no lo dejara morir nunca.

 Fernando Paz Saldaña
1º de febrero de 2017




ANHELO

Su rostro y su cabello pudieran ser de cualquier sexo; sin embargo, sus pechos redondos y firmes le dan la cualidad femenina. No así sus piernas musculosas como de atleta bien entrenado, y todo su cuerpo vigoroso.
Descansa tratando de cobijar unas deidades y así pedirles su protección en las luchas con los valientes gladiadores que retan su valor.
Pero sus pechos jóvenes y enhiestos sugieren un deseo de atraer a un ser hermoso, arrogante y valiente que anhele satisfacer sus deseos fogosos.

María del Pilar López González
Febrero 1º de 2017




ÉXTASIS
                                                               

Yace lánguida e insinuante, sus formas sinuosas  dejan entrever la imperfección de su ser, apoya sutilmente la cabeza sobre su mano  derecha; como si quisiera  aferrarse a sus pensamientos, cerrando sus ojos dispuesta a dormir plácidamente.
Protuberantes y turgentes pechos emergen de su torso, musculosas piernas que dejan entrever su sexualidad y evocan  una sensualidad pagana que desata pensamientos de lujuria,  por lo que  protege la vulnerabilidad de la desnudez  de su cuerpo sensual  en  una postura que invita a un sueño profundo sin tiempo ni prisa  hacia el reino de la oscuridad,  bajo un cielo solo alumbrado con la luna y las estrellas;    donde el tiempo lo devora todo.
Así esta; la magnificencia de su ser  invitan al  éxtasis del momento, una noche de ensueño o una pesadilla.


Nubia Huicab González
Febrero 2017



Juegos de La Noche


La compramos en un viaje a Florencia y era una réplica bastante aceptable de la figura femenina que adorna la tumba de uno de los Medici, nunca recordé cuál. Al llegar a casa desde el aeropuerto no nos importó el cansancio ni las demás compras y presurosos la sacamos de su empaque. Recorrimos las habitaciones del apartamento casi a oscuras para encontrarle su sitio ideal, como si fuera un cachorrito recién adoptado.

A ti te encantaba, creo que aún más que a mí, y eso es mucho decir. Cuando llegaban visitas se la mostrabas y repetías el mismo cuento una y mil veces y yo giraba los ojos y ponía cara de hastío. Era nuestro juego privado con La Noche. Así le llamábamos. Y a cada repetición de la historia le sumabas condimentos. Comenzabas contando que era la única del planeta y luego tras una larga pausa para aumentar el suspenso confesabas que nos miró desde un aparador en una vieja sala de remates. En otras versiones aseverabas que nos había gustado porque era vanidosa y, también, que era una cuestión del destino porque nosotros nos habíamos conocido justamente en una noche. Los visitantes ya conocían la dinámica y la disfrutaban, incluso la tomaban entre sus brazos y aseguraban sentir emociones intensas como amor de primavera, risas después de una tragedia o la primera traición de una adolescente        enamorada.

Amábamos La Noche,     y en cierto punto llegamos a preguntarnos si no era ella la que nos mantenía unidos. A lo mejor la     duda        aceleró     el        desenlace. Fue entonces que un buen día La Noche decidió que había cumplido su ciclo y por primera vez en su marmolada existencia de estatua miniatura estiró los brazos, apoyó sus talones en el piso y de un salto salió volando por la ventana, perdiéndose entre las nubes, dejándonos sin saber cómo seguir adelante.

Alexander Gristo Savornin
11 de mayo de 2017




POR EL DOLOR DE NO TENERTE

                              Amado para mí es el sueño,
                              y mejor ser piedra.
                              Miguel Ángel Buonarroti                                                
                                                     
Te llamo a pesar de la distancia. Hoy es una tarde nublada, amenaza la lluvia. Hace frío. Los árboles se agitan y botan sus hojas secas.
Tu nombre es Níobe, lo escribiste una noche en mi espalda. Ahora me siento como un ciego que tropieza continuamente con las paredes. Mi malestar, es un dolor que se queja como hueso dislocado. Extraño muchas cosas de ti: tu piel fría y tu olor de flores de piedra. Me percato de un placer inusitado al besar tu cuerpo, tus pies impecables, tus pechos pequeños, tu abdomen plegado, tu muslo levantado en ángulo para que el brazo sostenga tu cabeza de diosa.
Te recuerdo, ¡por supuesto que te recuerdo! Esa noche estabas coronada de lunas y estrellas, cubierta de un resplandor inusual, me llamaste y acudí a ti. Juntos nos llenamos de luz. Nuestra comunión fue de otro mundo; saboreamos nuestros humores, escuchamos nuestra respiración agitada, navegamos tomados de la mano en un mar sin límites, y gravitamos como asteroides recién descubiertos.
Me acostaré con tu imagen y el sabor de tu piel. Mañana, cuando el sol invada mi habitación y la llene de ascuas, sabré que dormiste a mi lado, que no eres solamente un bloque de mármol.

José González Gálvez
Febrero de 2017



PSIQUE


La maleza invade el extremo del cementerio anexo al convento, donde yacen aquellos que perdieron el derecho del descanso en tierra sagrada.
Un joven novicio, lleno de compasión suplica al prior que le permita limpiar esas tumbas. Con las manos laceradas por los abrojos, se entrega con alegría al Señor.

En una antigua tumba descubre una hermosa estatua de una muchacha desnuda.
El seminarista, deslumbrado por su belleza, casi vital, todos los días la visita; le cuenta de su amor a Dios, describe largamente la felicidad de la entrega al Ser Supremo.
Sin percatarse le habla de sentimientos desconocidos, insospechados, y como la humedad al muro, un amor profano invade su mente y su corazón. Hasta en sus rezos a Dios le reza a ella.
A veces escapa del claustro por las noches y las pasa en contemplación sin sentir el frio del cementerio.

Esta noche no volverá al claustro.
Mira desde lejos su desnudez maravillosa, plateada de luna. Con el corazón harto de belleza, se acerca diciendo: -te traje gardenias -y las coloca entre sus brazos. Suavemente le besa la frente, las mejillas, la boca fría. Acaricia la cabellera pétrea, acuna las rocas de sus pechos con las manos, y hunde la cara entre las flores buscando el aroma imaginado en horas de pasión. Tembloroso recorre con los dedos la cadera redonda, incitadora, las torneadas piernas. 
De los ojos de piedra escurre una lágrima que bebe para saciar la incontrolable sed que padece desde que se olvidó de Dios.
–No llores, sabes que no puedo soportarlo, ya no estaremos solos nunca más, -le dijo al oído. 
Se acostó a su lado y la abrazó con ternura cerrando los ojos.

En una antigua tumba en el panteón anexo al monasterio, escondida por la maleza, existe una hermosa estatua de una pareja en amoroso abrazo. En la inscripción sólo puedes lees el nombre de ella.


Marissa Hess
Febrero 2017



DONCELLA DE MÁRMOL

Observada, estudiada, criticada por unos y admirada por los demás. Al llegar la noche, la dulzura de su rostro refleja los ensueños de amor donde siempre es la bienamada, por quien los caballeros enfrentan arduas batallas deseando ganar su corazón, sus caricias, sus halagos. Y, en sus delirios… el vencedor es un joven varonil, de mirada penetrante que decidido y airoso, aligera el paso para gozar la codiciada recompensa
Luego, envuelta en la niebla se desliza, gira, se aleja; no siente alegría ni tristeza, tan solo percibe quietud, quietud… plena en la inmensa noche, su fiel compañera.

Yolanda Placeres Heredia
Febrero del 2017

jueves, 6 de abril de 2017

sábado, 4 de marzo de 2017




ÚNICO CAMINO

¿Quién podrá atravesar la vida, sin pisar la hojarasca de los años?
Marzo 20 de 2016


ROJO DESEO

No me aplico bilet para besarte, mis labios están encendidos con el rojo de mi pasión.

Febrero 14 de 2016

PENÉLOPE DE COSCOMATEPEC



Usiel siempre supo que terminaría sus días abandonado.
De niño, solía pedirle a su abuela que le contara cómo era su madre. De ella solo conservaba una fotografía; estaba sonriendo, agarrada de una verja como queriendo esconder su cuerpo, en shorts y blusa estampada. Recuerda, de ese trozo de tiempo en Coscomatepec, a la anciana preparando los frijoles mientras él trababa los cuerpecitos rígidos y escarapelados de El Santo y Supermán en una lucha imposible. “Era terca como tú”, decía su abuela, “terca y nomás andaba papaloteando, como tú. Dios la tenga en su santa gloria”.
De los años en que la naturaleza parece querer ganarle al tiempo, recuerda a Penélope y, renuente, también recuerda aquel pañuelo de hombre olvidado bajo la cama. Con ese nombre,   la muy zorra resultó un embuste andando. “Maldito Homero”, masculló.
Hoy, Usiel se levantó de la cama a duras penas; a sus setenta años, la artritis sí era fiel. De un manotazo, bajó al gato y le puso un plato de leche sobre el suelo; ni lo olió, se dio la vuelta y saltó por la ventana. Al fondo, el Pico de Orizaba enmarcaba, impertérrito, su abandono.



Fernando Paz Saldaña
Enero 25 de 2017