sábado, 24 de diciembre de 2016

LA PUERTA



LA PUERTA

Al abrir la puerta
Ahí estabas esperándome
Me saludaste
Mis ojos se sorprendieron
No te conocía
-¿Quién eres?
-Tú me llamaste
-¿Yo?
-Si. Contestó
Entonces comenzó el evento.

Gloria Gallegos Ruíz

2008

lunes, 28 de noviembre de 2016

ODA A LOS PIES







TOQUE DE QUEDA número 9


TOQUE DE QUEDA No. 9

Es, quizá, Toque de Queda el mejor intento por descifrarnos. Como esos bufones que se quitan el antifaz después de concluir su número de malabarismo, nosotros, Los Bernales, lo hacemos bajo un periplo literario.
Este colectivo en prosa y verso, tiene como antecedente directo la revista Vitral que se publicó en los inicios del taller, gracias al apoyo mayúsculo del Licenciado Omar Béjar y la pericia en la imprenta del señor José Luis Valerdi. Fue un logro enorme publicar la primera revista cultural en Coatzacoalcos, que después de siete números editados, se extinguió en el más absoluto silencio, sin Pompa ni circunstancia.
No obstante, esa primera revista cumplió con su misión difundiendo: poesía, cuento breve, ensayo, crónica, fotografía y dibujos en tinta. El andar literario, en esta tierra plagada de ingenieros y técnicos por el auge de la industria petrolera, había iniciado ya.
Años más tarde, gracias a la tenacidad de Óscar Dávila Jara y del periodista Jorge Cáceres, se difundió la página cultural La piel de Judas, en la revista mensual de un periódico local.  Contamos en esa ocasión con la participación de la pintora Ana Laura Pereyra para crear un logotipo que nos distinguiera. En esas páginas se publicaron poemas de quienes en ese entonces formaban parte del Taller Literario Bernal Díaz del Castillo.
Para fortuna de nuestro taller y de la vida cultural de Coatzacoalcos hemos tenido amigos entregados a la literatura, y en el espacio de la letra impresa, no podía faltar el soporte de José Ignacio Ordóñez y Claudia Morales, de esta manera colaboramos con Ex Libris, página cultural del mismo periódico de la localidad.
Dispuestos a continuar difundiendo nuestras creaciones, Óscar y yo, nos dimos a la tarea de crear otro espacio palpable para que se dieran a conocer nuestros trabajos. Después de un intercambio de títulos entre nosotros dos, adoptamos el de Toque de Queda que hasta hoy permanece, y que es una antítesis del eslogan: prohibición.
La diligencia y perseverancia de don Óscar, como le llamo, dio sus primeras letras, no de sangre sino de tinta, en una revista artesanal que apareció en junio de 2005 y así se fue sucediendo hasta el número cinco. Después con la ayuda de Adriana Ortega Conde en la formación electrónica y del periodista Corazón de Jesús Nicolás Vargas, Toque de Queda se convirtió en plaquette en su número seis.
La evolución de este espacio de papel y tinta continuaría, cual ciudad que crece, y llegamos al formato de libro. Esto no podría ser sin el apoyo de mecenas que sin preámbulos han apoyado generosamente este proyecto. En sus números siete, ocho y nueve conté con el apoyo enorme de tres Bernales con falda: Carolina Guzmán Sol, Rosy Márquez y Teté Balcázar.
¿Por qué Toque de Queda tiene como eje central un arlequín para esta edición? Porque precisamente ese fue el pie forzado que nos impusimos para crear los textos en prosa y en verso, que componen este libro.
Así, hasta la noche de hoy nuestro colectivo cumple con su objetivo: difundir el quehacer literario de los integrantes del Taller.
En orden alfabético desfilan: Ana María Huerta, Ana María Rueda, Angélica Carmona Jurado, Carolina Guzmán Sol, Dora Berenice Paredes Acosta, Francisco Uscanga, Guadalupe Martínez Bernal, Iris Macías López, José González Gálvez, Lilia Zamudio Ortíz, Lourdes Marín de Muñoz, María del Carmen Balcázar, Marissa Hess, Margarito Escudero, Óscar Dávila Jara, Panfilita Chee Reyes, Pilar López González, Rita Argudín Jiménez, Rosa Lotfe y Teté Balcázar. Todos conformamos página a página los textos que integran este nuevo Toque de Queda, que a partir de esta noche será nuestro libro de pies y cabecera.

Octubre 6 de 2016










 





sábado, 5 de noviembre de 2016



LA BELLA KENA

— ¿Me seguirás cuidando mamá?
—Claro, hasta que aprendas a hacerlo por ti mismo. Pero recuerda: siempre seré tu mamá.
La autora

 En tiempos pasados tuvimos en casa una gatita siamesa llamada Kena, era bella e inteligente. Le gustaba acompañarme cuando salía de casa hasta media cuadra, ahí se detenía para ver cómo me alejaba. Cuando le tocaba revisión médica, a la veterinaria le agradaba atenderla por lo dócil que era.
  Un gato de la misma raza fue el novio y lógico, nacieron tres hermosos críos; dos fueron regalados y no aguantamos la tentación de quedarnos con el tercero, Bécquer, que aparte de haber heredado el porte de sus padres, era muy gracioso.
Una tarde-noche Kena empezó a maullar a los pies de mi mamá.
— ¿Qué te pasa, qué quieres?- Por respuesta se nos quedó mirando con tristeza.
 —Algo le pasa a Kena, parece alterada, comentó.
— ¿Dónde está tu hijo?
— Kena, la vio a los ojos y soltó otro maullido.
Acto seguido decidimos buscar a Bécquer.  En la casa no estaba; salimos a la calle y no lo encontramos, nos preocupaba la desaparición y sobre todo lo nerviosa que se veía la gata al no sentir con ella a su crío; encabezaban al grupo mi mamá y Kena, fuimos al patio trasero utilizando lámparas para seguir la búsqueda.  La noche era tranquila, fresca, una suave brisa del norte nos acompañaba. Estábamos   donde la barda derecha había quedado baja y al otro lado estaba enmontado. De pronto la gata de un salto subió y se perdió en la obscuridad; en ese momento todo estaba quieto, no se escuchaba ningún ruido; nos quedamos a la expectativa; a los pocos minutos regresó feliz, traía entre sus dientes, como trofeo, a su gatito, de la manera que sólo ellas saben hacerlo.
Esa noche, estábamos contentos al tener entre nosotros a Bécquer y admirados por la reacción de Kena, que supo comunicar su sentir.

Yolanda Placeres Heredia

Octubre de 2016                                                                                                                                                                                                                                      

martes, 1 de noviembre de 2016




CALAVERA

Y se les acabó la tinta
los llamaban “Los Bernales”
la Muerte jaló parejo
los enterró en los arenales.
Se fue Pepón, Lulú, Omar
Panfilita y Carolina
todos vemos sus tumbas
muy cerquita en la colina
siguen haciendo poesía
y huesudas son sus manos,
hacen fiesta en camposanto
se divierten como hermanos.

Jorge Malpica Jiménez

Noviembre de 2011


CALAVERA

Es de muertos verse flaco
siempre pelando el diente,
“de ojo me como un taco”
dijo un tenebroso ente.
En mi reino somos iguales,
todos morimos parejo
muere el rico, muere el pobre,
muere el listo y el pendejo.
Comamos un buen tamal
chocolate y Pan de Muerto,
no necesitamos dietas
que nos deje el ojo tuerto.
Cempazuchil es la flor
que me gusta por su aroma,
sus colores me delatan
es la muerte que se asoma.
Siempre estoy vigilando
y me llevo al descuidado,
con mucho cuidado anda
no termines a mi lado.
Soy “Huesuda” soy “Catrina”
soy la Muerte ya no temas,
te llevo para mi casa
ya no andes causando penas.
Date cuenta soy coqueta,
sonrío cuando aparezco
me llevo al que ya le toca
y nunca al que no merezco.

Jorge Malpica Jiménez
Noviembre de 2013








CALAVERA BERNALEZCA

¿Dónde quedaron las plumas?
¿Dónde está la inspiración?
puede ser y no me consta
en una tumba del panteón.
Escritores, escritoras,
literatos y letrados,
algunos tristes o llorosos
y uno que otro amargado.
La muerte viene para todos
sin hacer ningún distingo
se lleva santos, pecadores,
a los ángeles y pingos.
Se escondieron tras sus rimas
de los fuegos infernales,
la calaca jaló con todos
pobrecitos los Bernales.
Corrieron por todos lados,
evitando a la huesuda,
se los llevó muy juntitos,
que no les quede la duda.
Hoy sonríen por sus poemas,
pelando mucho los dientes
son prosas un poco frías,
para amigos y parientes.
Camposanto V.I.P.
de tumbas con mucho brillo,
para el grupo de poetas
del “Bernal Díaz del Castillo”

Jorge Malpica Jiménez
Noviembre de 2016







domingo, 23 de octubre de 2016



VUELO PARALELO

Brotaste en plena primavera otoñal
emergiendo de las entrañas de mi lucha crédula,
coloreando el sepia,
laqueando al mate

Al hinchar tus alas
apaciguaste la furia de mi vientre,
extinguiendo el miedo,
perfumando al vaho

Con ésta primera batalla
me alientas a la eternidad
a la vertical necesidad de acompañar

Ya vendrán
parsimoniosas,
tempestivas,
promesa perpetua.

Monserrat Morales Rosaldo





PROMESAS ENCERRADAS

Al partir encerraste en tu maleta
las gastadas palabras de siempre,
con el tiempo volaron
una a una como mariposas
hacia el firmamento del olvido

Mi tránsito
a los escalofriantes campos
de la realidad
fue acompañado por un fantasma
que diluyó el dolor y cegó mi mirada
en un rincón de la inconsciencia

Al despertar mi acompañante fue la soledad
que deja la amarga derrota a la distancia;
el puente entre tu mundo y el mío
cayó en el abismo del absurdo,
como tu retrato,
como tus palabras.

Cristina del Carmen Vázquez García




PRESAGIAS LA MUERTE

Tu cuerpo mariposa,
sepulcro de caricias calcinadas,
presagio de hipocondrías negras
en el cuarto roto de la astucia.

Insecto que tragas el dulce veneno
en el cáliz de su sexo,
mariposeo de tu enfermedad encendida.

Mueres en cada contacto,
en la metamorfosis del deseo,
oculto al sur de tu universo.

Erika del Carmen González Luna





MONARCA

                                                            Tú tienes alas
                                                        no tienes sueños
                                                         yo tengo sueños
                                                             no tengo alas.


Sueño despierta,
busco tus ojos
tu sonrisa,
como crisálida,
conservo en el lago
de mi corazón
tus suspiros.
Mi lánguida voz
vuela ocre
cual mariposa
al viento.
Cuando el crepúsculo
hace un impasse
de mil reflejos,
mi cuerpo se estremece
anhela fuertes brazos.
Así, cobijada por las olas
me abandonas a soñar…

Ana Estela Rosiñol Mortera






MURIENDO EN VIDA

A la luz de la luna
frente a un camino certero
sin pena ni tormentos,
me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Como mariposa nocturna
sin aparente rumbo ni tiempo
enfrento mis sentimientos,
me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Bajo tu manto me encuentro
lánguida, moribunda
cual mariposa sin alas, sin vida
y me pregunto:
¿A qué le tengo miedo?

Sin esperar, sin siquiera desearlo
y un escalofrío invade mi cuerpo
y me percato que el miedo
no es más que una vida sin sueños
¿Acaso lo que realmente siento es miedo?

Arianna Janeth Ruelas Gamero

martes, 20 de septiembre de 2016

Gozo y muero


En aquel amanecer lluvioso
insensata, mi cuerpo te entregué
tu propuesta insolente me llevaba
escondido está el secreto de la piel.
Hoy, descalza en el recuerdo
gozo y muero.

Abismo que embriagaba los sentidos
tu palabra me quitaba la razón
vértigo fugaz de lo prohibido
le cantaste a mi libido un anhelo
de secretos placeres contenidos.

Una ingrata melodía de tu piel
de tirón desnudaba mis instintos
dos figuras al unísono del viento,
una sombra que se enreda sin amor
cumbre ardiente que termina en precipicio.

Gestamos sinfonía de placer
envidiando a mi cuerpo todo el cielo
carrusel con figuras de papel,
ironía de morir si voy naciendo.

Escenario de la luna en agonía
sostenida, de mis ojos, tu sonrisa
desvelados los lunares de tus hombros
me danzaron como estrellas complacidas

CAROLINA GUZMÁN

Junio de 2008


LA AMISTAD DE MI MASCOTA CAMPANITA


Caminábamos mi hijo y yo por la avenida General Anaya después de un servicio religioso, y de pronto nuestra vista se detuvo en una criatura que nos miraba con ojitos tristes y suplicantes. Nos acercamos para verla, ahí estaba temblando de frío pues era finales de noviembre; coincidí con mi hijo que no la dejaríamos abandonada, seguramente no amanecería con vida.
Mi hija la cargó; estaba sucia, mal oliente y cansada, la llevamos a casa con el propósito de que al día siguiente buscaríamos al dueño; la cubrimos con una frazada y la dejamos en un lugar seguro para que pasara la noche; se acogió y se quedó muy quieta, fue en ese momento que nos percatamos de una herida en la pierna izquierda, seguramente de ahí provenía el mal olor.
Al día siguiente como acordamos, nos dimos a la tarea de preguntar a los vecinos si alguien había perdido a su perrita, no apareció el dueño. La bañamos, curamos su herida y le pusimos nombre: Campanita, y aunque ya no queríamos más animalitos, no la podíamos abandonar. Me molestó ver la crueldad de la gente al dejarla en la calle. Así, la pequeña formó parte de nuestra familia.
Fueron pasando los días; se tornó más alegre y juguetona gracias al cariño que le dábamos. Un día la regañé por salir a la calle, levanté la voz y le dije: Campanita ¿Quieres perderte o que te lastime un perro más grande? ¡Métete a la casa inmediatamente! Ella me miró obediente y entró. Por un rato la olvidé, salí nuevamente para ver donde estaba y me sorprendió verla echadita con su carita triste, de sus ojitos rodaron lágrimas; desde ese momento jamás volví a regañarla de esa manera, comprendí que sin duda había llevado una vida de maltrato.
Campanita vivió con nosotros durante un año hasta que cierta vez tuve que dejarla al cuidado de mi hijo por varios días, ella se deprimió profundamente y dejó de comer. A mi regreso traté de alegrarla, hice todo lo necesario pero no reaccionó, y por más que le hablé no comprendió la razón de mi ausencia y murió.
Su muerte me dolió mucho y le lloré. Fue cuando comprendí que ella me quiso más que yo a ella.

Olga Lidia Hidalgo Gordillo
Julio 20 de 2016




lunes, 5 de septiembre de 2016





PÍNTALO DE ROJO

Para el Dr. Jorge Herrera López de Llergo: In memoriam

Somos dos, siempre dos. Enajenados en este torbellino de tonos sanguíneos. Un mar de lava nos envuelve. Irreales, desdibujados, entregados, entrelazados, emparejados en un abrazo sin brazos. Compactados como gemelos expósitos, univitelinos.
Tenemos el rostro manchado de vergüenza, el gesto vacio, simulando una historia melancólica entre las notas tristes de un violín sin dueño. Volamos juntos mecidos por un viento de hastío. El color brota de nuestra epidermis en un destello cromático de rojos profundos.
Un Dios con máscara de pájaro nos observa, sus ojos son espejos donde están clavados la noche y el día, los astros, lo lejos y lo cerca, el cielo y el infierno, todo el Origen, el Diluvio, un ciclo circadiano.
Somos dos sombras taciturnas que nos apagamos como la flama de un candelero de anticuario. Apócrifas, estampadas en un lienzo con siluetas dolientes, como imágenes religiosas, mágicas en una danza sin tiempo. Somos dos, siempre dos. Como en un principio.


Coatzacoalcos Veracruz, octubre de 1994




LLUEVEN PERSEIDAS


Tu cometa de fuego
se posa en mi boca,
escarchada mirada
envuelta en delirio
dorados cristales
angustia de los sentidos,
mineral
oscuridades
fragmentos químicos,
llueven perseidas
polvos en escarlata
destellos
pérdida de equilibrio,
un planeta entero nos invade;
la vía láctea ¡es un grito! 


Carolina Guzmán Sol
Junio de 2008




DE SANGRE AZUL


Es un mastín inglés cruzado creo que con caballo, -por su gran tamaño- y a veces pienso que podía ser descendiente directo de su paisano Winston Churchill: gigantón, de cachetes colgados y ¡le encanta fumar!
Como en mi familia presumimos de monárquicos, habíamos tenido al King, al Káiser, y al Duque; pero cortos de diplomacia, a este heredero de Albión le pusimos Zar.
En mi pueblo, el Zar era más famoso que Pluto. Los niños le gritaban “adiós Zar”, cuando por las tardes, caminaba detrás de mi papá, hacia su encuentro diario con el dominó.
La mula de seis sonaba sobre la mesa metálica, -propaganda de Carta Blanca-; Zar entraba a la cocina, se hartaba de las sobras que le guardaban y salía contento relamiéndose los bigotes pringados de sopa.  Echado a los pies de mi papá, reposaba la marea alcalina, -grotescamente llamada mal del puerco-; entonces le ponían un cigarro prendido en la boca y fumaba con ellos.
El día de la boda de mi hermana, con un gran moño rojo a modo de corbata, solemnemente acompañó al sacerdote en el altar; al ver la cara de terror del padrecito, mi hermana le hizo una seña con la mano, y obediente como era, -el perro por supuesto- se fue a echar sobre la cola de novia; por ahí andan unas fotos, testigo de lo que les cuento.
En esos tiempos sólo los ricos tenían coche con clima. Esto viene a colación porque el Zar no podía ver la ventanilla de un auto abierta: dando un salto -seguramente producto de sus genes equinos-, caía cual largo era en el asiento de atrás.
 Al salir de la iglesia y sentirse abandonado, miró rápidamente todos los coches cercanos y surcó de una zancada la distancia de la banqueta hasta las piernas de tres amigas de mi mamá, que llegaron al festejo nupcial con las medias hechas jirones.
También era perro policía, verán: como mi mamá trabajaba en el palacio municipal, el perro por las mañana la acompañaba y cuando veía correr hacia la patrulla a la poli –la buena poli de esos tiempos- se acomodaba junto al chofer. ¿Y los gendarmes?, se preguntarán.  Pues atrás, ya que no había manera de hacerlo desistir de su misión detectivesca

A pesar de su sangre azul –o quizá por eso-, era profundamente servicial. A las ocho de la noche en punto le abrían la puerta de la casa de junto. El hijito de la vecina no se dormía si no tomaba el biberón en el regazo del Zar. Inflamado de paternal orgullo volvía a casa a tiempo de acompañarnos a cenar.

Mi papá enfermó.  Mientras dormía en su sillón favorito su sueño de opio, para paliar el cáncer que le devoraba el estómago, el perro no volvió a separarse de su lado. Un triste día caminó acompañando al ataúd. Cuando volvimos a casa se echó junto a la poltrona de mi papá y puso la cabeza en el asiento. Silencioso, su triste mirada reflejaba nuestros sentimientos.

A la mañana siguiente el Zar se fue de la casa. Nunca volvió. Seguramente continúa viajando por todo el país saltando a la ventanilla abierta de un camión buscando a mi papá.

Marissa Hess
Junio de 2016