jueves, 30 de octubre de 2014

SIN PRIVILEGIOS by Rosa Lotfe


 

                                                                 …yo que triste y sin ventura,
                                                                         la copa de la amargura
                                                                   he apurado hasta las heces
                                                   Manuel Acuña: La ausencia del olvido

 

Pobre Manuel,

su felicidad fue tan gris

o tan rosa

sin cúspides, ni abismos

tan plana

como un sonsonete.

 

Pobre Manuel,

su lira de poeta

plagada de hojas secas

le cantó al invierno

el himno del dolor

de su incesante “adiós”

 

Pobre Manuel,

infeliz ausente.

 
Rosa Lotfe
Marzo 12 de 2008  

YO SOY YO by Ricardo García Morales


Yo soy yo

soy mis manos

acariciadas por tu piel

soy mi boca que no sabe

si besa o es besada por la tuya.

 

Soy mis pies que siguen tus pasos

lo mismo en la luz que en la oscuridad

soy mis ojos que te besan con miradas

que se llenan de tu imagen cuando pueden.

 

Soy mis oídos, que se beben tus palabras

soy mis ojos y el que está detrás de mis miradas

que alimentan mi alma con el alma de tus ojos.

 

Soy y no soy la memoria que te guarda

soy esta mente que entre sueños te rescata

soy este cuerpo que no soy

porque al fin y al cabo

soy el ánima, el espíritu, la energía

la imagen y semejanza

que navega en este cuerpo.

 

Soy esta mente que te reconoce

el que camina los pasos de este cuerpo

el que te siente a través de esta piel prestada

por una vida, solo una vida.

 

Esta vida que es mi tiempo presente

y que coincide con el tuyo

aquí y ahora, para hacerse nuestro.

 

Soy el que manda recordarte

el que elige porque he sido tu elegido

soy para el mundo

soy para ti, pero sobre todo

soy esencialmente para mí.

 

Ese es el principio

que no es soledad ni abandono

contigo o sin ti, pero siempre mejor contigo.

 

Por el tiempo presente

sin saber, pero también

sin querer saber

si nuestro tiempo, si el tiempo nuestro

es corto o largo, solo importa

que siga siendo nuestro.

 

Ricardo García Morales
Agosto 2013

NO TE ESCUCHABA by Lourdes Marín Ramírez


Si, te vi en aquel niño
menesteroso y triste
rodeado de miseria.
Te vi en aquel viejo
olvidado por todos
exhausto y silencioso.
Te vi también
en la mujer violada
y en el dolor postrero
del mortal enfermo,
¡pero no te escuchaba!.

Yo te sentía cerca
y tus pasos sonaban,
la dulce sensación
de tu presencia
me abrazaba,
¡pero no te escuchaba!.
Me alejé poco a poco
porque me daba miedo
volverte a contemplar
en los que sufren.
Porque me daba miedo
dejarme devorar
por el silencio.
Porque me daba miedo
perecer en tu lucha
sin sentido.
Luego… te vi nacer
entre abrojos y frío,
lloraste con mis ojos
y otra vez te escuché.
Tu luz bañó mi rostro,
me transformé en tus manos,
no hay temores ni miedos,
en Ti me abandoné.

Lourdes Marín Ramírez
Diciembre de 2012

LOS FILOS DEL DESEO by Oscar Dávila Jara


Me gusta navegar
en la claridad de tus ojos,
justo en el instante
en que estalla la noche.
Buscar el oriente
de tu sexo,
herir las llanuras
argentadas
donde gotea el temblor
de mis besos,
ahí donde se funden
tu deseo y el mío.
Seguir el viento
que bordea,
los blancos arrecifes
de tus senos
y alcanzar entre tus muslos
ese lugar preciso
donde rompe la ola.

Óscar Dávila Jara
2006

CUANDO LOS PÁRPADOS SE CIERRAN by José González Galvez



El palisandro estornuda, y la sangre late,
circula dentro del tronco estructura hermética
en arterias construidas por termitas
caminos que bajan y suben en espiral tortuosa
donde transita un líquido verde, puro,
lleno de esperanza, con vitalidad premonitoria
océano embarazado por el oleaje que no se detiene
un lecho marino que fecunda las semillas,
las esporas, los óvulos, las algas
levadura fermentada por semen malaquita.
 Ahí brotan sin precedentes los manglares,
las ceibas majestuosas y los ahuehuetes desordenados
un hervidero de selva lujuriosa
peciolos ligeros que se levantan con el viento
pétalos que giran y duermen bajo el sol. 
Verde que te quiero verde
escribió alucinado Federico García Lorca.

El sueño enciende con sus alas
la majestuosidad de un sol dormido. 
Entonces la creación dio comienzo 
al cerrarse lentamente los párpados del poeta.


José González Gálvez
Julio de 2014

miércoles, 8 de octubre de 2014

CARTA DE AGUSTÍN DE ITURBIDE A LA PATRIA, by Marissa Hess



Yo, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, me acojo a vuestra amistad y descargo mi alma atormentada.

Entendí  y compartí el desprecio con el que los gachupines nos obsequiaban a los hijos del mestizaje, vuestros verdaderos dueños. Os amé más cuanto más os esclavizaban. Cabalgué por los caminos de la vida entre mi pasión y mi ambición; por la una apoyé el movimiento de Gabriel de Yermo, y por la otra reprimí la conjura de Valladolid y serví a los realistas.

¿Qué me opuse a Miguel Hidalgo por envidia? ¿Qué gobernado por mi ansia de reconocimiento rechacé el cargo de teniente coronel? Para vos sólo la verdad ¿Cómo inclinarme ante un hombre que por ceguera no cedió el mando a Ignacio Allende, a cuyas órdenes, hubiera dedicado mi espada y mi valor? Sofismas o ingenuidad, los movimientos del cura Hidalgo presagiaban el desastre del Monte de las Cruces, donde serví bajo las órdenes de mi joven amigo el teniente coronel Torcuato Trujillo, quien amablemente aceptó mis consejos, que valieron que el señor virrey Venegas me nombrara capitán de la compañía de Huichapan del batallón de Toluca.

La miel del triunfo es tan dulce como amargos los desaires que me ofrecieron los insurgentes y me lanzaron a los brazos realistas. Prosigo mi querida, mis espléndidas victorias me valieron a los 30 años de edad las insignias de coronel y comandante general de la provincia de Guanajuato. El ascenso al pináculo militar lo vislumbra libre. Como jefe militar de Guanajuato organicé la vida comercial, intención mal entendida por el obispo Antonio Labarrieta, quién me levantó infamias al acusarme de monopolizar el comercio y que fingiendo expediciones del Real Servicio, acaparé la venta de lana y azúcar para mi enriquecimiento personal. Vergonzosamente fui destituido por malversación de fondos y abuso de autoridad. Sonrió ante el recuerdo. Ellos si se enriquecieron a costa del hambre de la plebe. Forzado por las circunstancias me fui a la ciudad de México, En este gentil paréntesis se me inoculó el germen de tu libertad, crecía en mi interior la idea de una nación unida en un solo ideal.

El 13 de noviembre de 1820 el virrey Juan Ruiz de Apodaca escuchó mis ruegos y me designó comandante General del Sur, me concedió el grado de brigadier y partí a combatir a Vicente Guerrero, entonces me entere que se invitaría a un príncipe Borbón para reinar en el país independiente. El tierno amor por vos se inflamó en mis venas, Pobre Patria ¿un extraño mancillándote?  Antes convencería a Vicente Guerrero de unirse a un nuevo plan que conciliara tanto los intereses y posiciones de los insurgentes como de nos. Guerrero y Ascencio infringían al ejército realista derrota tras derrota, decidí pactar, no por cálculos mezquinos, era el momento oportuno para unir las fuerzas de los patriotas en un bien común: tu independencia. El 10 de enero le escribí una sentida misiva, invitándole a unirnos en aras de vuestra causa.

Guerrero, conmovido por mi sinceridad, ofreció militar bajo mis órdenes

El 4 de febrero de 1821, en Acatempan sellamos la paz con un abrazo que unió a los dos ejércitos en la defensa de la religión, la unión y un país independiente: el orgulloso Ejercito Trigarante, que bajo mi mando dio lugar el 24 de agosto de 1821 al Imperio Mexicano, firmando el más humilde de vuestros lacayos y Don Juan O´Donojú, a la sazón el último virrey de España

En septiembre, el día de mi cumpleaños número 38, cabalgando al lomo de un hermoso corcel negro y seguido de mi estado mayor, bajo un arco triunfal recibí el agradecimiento de mis nuevos mexicanos, a los que arengué

«Mexicanos: Ya estáis en el caso de saludar a la patria independiente como os anuncié en Iguala; ya recorrí el inmenso espació que hay desde la esclavitud a la libertad, yo os exhortó a que olvidéis las palabras alarmantes y de exterminio, y sólo pronunciéis unión y amistad íntima...».

Que pesada soledad la del triunfo. Mi suave patria os encontrabais bajo un yugo aun más tirano: las fuerzas del poder, rencillas entre los que aspiraban a un gobierno republicano y aquellos que comprendían que vos erais muy joven para el autogobierno. El pueblo habló, gritó.  Permitidme regodearme en el recuerdo de aquel 18 de mayo de 1824, la oscura y silenciosa noche irrumpida por el repique general de campanas, las salvas de artillería y los gritos que q mis oídos eran dulce canción “Viva el Libertador” «¡Viva Agustín de Iturbide!». Ese día memorable, a las diez de la noche, el pueblo me proclamó emperador. Mi modestia me dictaba no ceder a los votos populares, solicitando consideraran a personajes más aptos El congreso protestó: "Se considerará vuestro no consentimiento como un insulto, y el pueblo no conoce límites cuando está irritado. Debéis hacer este nuevo sacrificio al bien público; la patria está en peligro. Así comprendiendo que yo era el único con las prendas necesarias para dirigir tus primero pasos como nación independiente, fui coronado Agustín I, emperador de México

La víbora de la traición siempre estaba al acecho y aun en contra de los deseos expresados sinceramente por el pueblo, los republicanos no cejaban en sus inescrupulosas intenciones. Mi muy amada, vos sabéis de las veleidades del ser humano. De Antonio López de Santa Anna, aquel que engrandecí, que no reparaba en llamarme el «amadísimo general», «dignísimo y particularmente amado emperador» vino el golpe brutal que me derribó sin darme tiempo de defenderme,  Mi presencia en el país era un pretexto para desavenencias. Mi memoria sería repudiada y odiada por esto, anteponiendo siempre vuestro bien me expatrié gustoso y me dirigí a una nación extraña.

Mi destino se había sellado, yo sólo soy por vos y regresé a morir. Frente al paredón, con los ojos abiertos, la mano sobre el corazón os declaro que sí, Miguel Hidalgo y Costilla es vuestro padre y Yo soy vuestra madre yo te parí, muero gustoso, porque muero entre vosotros: muero con honor, no como traidor: no quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha: no soy traidor, no

Tu amoroso

Agustín I Emperador de México

Por:  

Marissa Hess
 
Septiembre de 2013