sábado, 4 de marzo de 2017

PENÉLOPE DE COSCOMATEPEC



Usiel siempre supo que terminaría sus días abandonado.
De niño, solía pedirle a su abuela que le contara cómo era su madre. De ella solo conservaba una fotografía; estaba sonriendo, agarrada de una verja como queriendo esconder su cuerpo, en shorts y blusa estampada. Recuerda, de ese trozo de tiempo en Coscomatepec, a la anciana preparando los frijoles mientras él trababa los cuerpecitos rígidos y escarapelados de El Santo y Supermán en una lucha imposible. “Era terca como tú”, decía su abuela, “terca y nomás andaba papaloteando, como tú. Dios la tenga en su santa gloria”.
De los años en que la naturaleza parece querer ganarle al tiempo, recuerda a Penélope y, renuente, también recuerda aquel pañuelo de hombre olvidado bajo la cama. Con ese nombre,   la muy zorra resultó un embuste andando. “Maldito Homero”, masculló.
Hoy, Usiel se levantó de la cama a duras penas; a sus setenta años, la artritis sí era fiel. De un manotazo, bajó al gato y le puso un plato de leche sobre el suelo; ni lo olió, se dio la vuelta y saltó por la ventana. Al fondo, el Pico de Orizaba enmarcaba, impertérrito, su abandono.



Fernando Paz Saldaña
Enero 25 de 2017

1 comentario:

  1. Muchas felicidades Fernando, Ya es tuya la emoción de ver tus letras impresas

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